Teletrabajo en tiempos de pandemia

AGUSTÍN PIEDRA BUENA / Abogado

De la mano de lo que llamamos la nueva normalidad apareció de modo exponencial una de las categorías de las relaciones del trabajo propias de la modernidad como lo es el teletrabajo. Esta clase de trabajo que se desarrolla con apoyo en las nuevas tecnologías de la información y comunicación, trae consigo una extraña sensación de pausa del tiempo que ocasiona en casos concretos y, de modo indiscriminado, múltiples conflictos no solo en lo atinente a la relación laboral sino también en lo que refiere a la relación intersubjetiva de los trabajadores con su núcleo familiar.

Quiero destacar que el teletrabajo en tiempos de pandemia es una herramienta por demás válida y necesaria para el desarrollo productivo del país, donde tanto el empleador como también el trabajador deben ser serios en sus responsabilidades. El trabajador tiene que entender que no está de vacaciones y el empleador debe entender que el trabajador no eligió estar confinado en su casa y dejar de ir físicamente a su lugar de trabajo.

Dicho esto, pareciera ser que el teletrabajo debe desarrollarse a toda costa, sin importar horarios y días laborales, y sobre todo, sin considerar el fundamental y tan necesario descanso del trabajador. Vital no solo para que este pueda recargar baterías, sino también para que pueda desarrollar su ideal de proyecto de vida, el que no por el hecho de encontrarse en confinamiento obligatorio dispuesto por el gobierno nacional, debe quedar relegado y mucho menos, descartado. Más cuando se han complejizado diversas situaciones propias de cualquier dinámica hogareña, razón por la cual el foco en el proyecto de vida -al menos en el ideal- de cada sujeto no puede ser degradado por esta situación excepcional. Dado que los ciudadanos -salvos casos establecidos por normas de excepción- deben respetar el aislamiento social, preventivo y OBLIGATORIO establecido por el gobierno nacional mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia Nro.297/2020 y sus respectivas prórrogas.

El teletrabajo no puede ser desarrollado quebrantando la esfera privada del empleado. Lamentablemente en muchos casos los jefes no respetan la protección constitucional enmarcada en nuestro ordenamiento jurídico respecto del derecho laboral, como son la jornada limitada de trabajo y el descanso (art. 14 bis CN). En los hechos, el trabajador se encuentra a disposición de las directivas del principal fuera de la jornada horaria preestablecida entre ambos antes del COVID-19 (sábado, domingo, feriados e incluso en horarios irrisorios en determinados casos). Las facultad de dirección establecida en el Art. 65 de la Ley de Contrato de Trabajo N° 20.744 (LCT), de la cual goza el empleador, no puede ser ejercida en la modalidad de teletrabajo sin atender a las diversas particulares que esta categoría laboral posee. Esta situación golpea negativamente dentro del seno familiar, donde el trabajador se encuentra frente a situaciones confusas a razón de estar trabajando desde su casa. Mientras está trabajando,en simultáneo se encuentra teniendo que atender una llamada telefónica, salir a recibir un delivery,  tener que atender necesidades de sus hijos -en las caso de tenerlos-, cocinar, tener que lavar los platos, atender alguna necesidad de un adulto mayor con el que quizás viva, etc. Estas cuestiones no se darían si el trabajador estuviese en su ámbito laboral. Esto que es una obviedad, parece ser en muchos casos no tan evidente para el empleador.

Es necesario enfatizar -lo evidente para muchos y quizás no tanto para otros- que al trabajador no solo se le ha  cambiado su lugar habitual de trabajo a raíz de esta entendible situación de excepcionalidad con motivo de fuerza mayor debido a la pandemia mundial, sino que también se le exige -así sea de modo expreso o tácito- que sea él quien deba proveer a su exclusivo costo diferentes recursos y/o bienes particulares tales como acceso a wifi, computadora personal, teléfono particular, escritorio, silla, artículos de librería, etc) a fin de poder desarrollar sus tareas laborales cuando esta obligación es exigible al empleador.

Es por demás atendible y entendible que, por el principio de buena fe laboral receptado en el Art. 63 de la LCT, ambas partes deben poner un plus de esfuerzos en tiempos como el que nos toca vivir no sólo a los argentinos sino al conjunto de la población mundial. Pero ello no significa que este sacrificio sea a costa del trabajador quien además, se encuentra en una evidente desproporción en lo que refiere a la relación laboral respecto de su dependiente. Tal es así, que del análisis del Art.14 bis de nuestra Carta Magna se puede colegir  dicha circunstancia en rigor de las diversas y determinadas protecciones jurídicas de las que goza el trabajador en materia laboral, sumado al conjunto de las normas laborales que en nuestro ordenamiento jurídico se orientan en similar dirección.

Sin perjuicio de lo expuesto y lejos de ser mezquino respecto del ideal de la noción de esta modalidad laboral denominada teletrabajo, es decir, en su faz más pura y legítima conceptualmente hablando, debo expresar sin disimulo que de respetarse armónicamente la integralidad no sólo de las normas laborales sino también de toda la hermenéutica jurídica, esta variante de lo comúnmente conocido respecto de las relaciones laborales entre empleador y empleado, tiene determinadas características por lo menos destacables. Ejemplo claro de ello es la austeridad -bien entendida- en cuanto a la utilización de diferentes recursos materiales, a razón de no desarrollarse el trabajo en su ámbito ordinario (en su sede de trabajo). Cuestión que conlleva un efecto positivo en cuanto al cuidado del medio ambiente en virtud de no derrochar recursos como suele hacerse en la vorágine de cualquier dinámica laboral (fotocopias innecesarias, utilización desproporcionada de elementos plásticos descartables, emanación de gases tóxicos de fábricas, etc) garantizando al menos en parte por más pequeña que parezca el cuidado de este.

No obstante, debo decir que lo reseñado precedentemente no es óbice para que el empleador soslaye múltiples derechos del trabajador que además, en lo que refiere a la relación laboral se encuentra (como ya he dicho) en una evidente y clara desproporción frente al principal respecto a la relación laboral de ambos sujetos. Máxime cuando es el empleador quien pareciera establecer las reglas del juego en esta relación en apariencia dispar, dado que es él quien exige al dependiente la realización de diferentes tareas que, de ser desarrolladas en el lugar normal y habitual (laboralmente hablando), como lugar de trabajo con recursos provistos por quien da las diferentes directivas al trabajador, quizás no estaríamos analizando la evidente precariedad laboral que en los hechos fácticos trae la modalidad del teletrabajo, vulnerando de modo llano diferentes derechos del trabajador.

En muchos casos el teletrabajo detrás de una de sus principales características como ser la de horarios “flexibles” trae aparejada como la otra cara de una misma moneda la antagónica particularidad de pérdida de horarios donde la aparente “jornada flexible”  termina siendo penosamente para muchos trabajadores un día arduo, sin descanso y extenso por demasía. Otra característica propia del teletrabajo es el respeto por la vida privada del trabajador. Derecho que debe garantizar su empleador respetando la intimidad del dependiente más cuando en tiempos como los que nos toca atravesar, el trabajador como regla se encuentra desempeñando sus tareas laborales desde su hogar, donde además en muchos casos estamos hablando de varias personas del núcleo familiar del dependiente en un solo ambiente o en pequeños espacios.

Dicho todo lo anterior, es justo expresar que estas cuestiones no se dan en todos los casos. Gracias a las buenas prácticas laborales respetadas por muchos empleadores -también debo decirlo-, quienes de modo correcto y ejemplar respetan con sano equilibrio los derechos laborales de sus empleados, resguardando la jornada laboral limitada, el descanso del dependiente, la provisión de diferentes recursos para que este pueda desarrollar sus tareas y por sobre todo el pago en tiempo y forma del salario en tiempos difíciles para el conjunto de la población mundial como consecuencia de esta feroz e inusual pandemia del COVID-19. Situación que ha afectado sustancialmente a todos los sectores de la cadena de desarrollo productivo de nuestro país, razón por la cual, con seguridad dolorosamente ocasionará gran desempleo para muchos trabajadores a la luz de que muchas organizaciones empresariales no contarán con ingresos suficientes para asumir sus obligaciones. Como corolario del presente análisis quiero resaltar la imperiosa necesidad de que los diferentes actores vinculados al campo laboral breguen por el efectivo cumplimiento de los derechos en las relaciones laborales, tales como el propio empleador, los sindicatos de trabajadores, los propios trabajadores, los funcionarios de gobierno con toma de decisiones relacionadas al ámbito  laboral, como así también, los diferentes auxiliares de justicia (abogados, peritos, procuradores, etc). Sabiendo que ante el incumplimiento de las obligaciones que emanan de la relación laboral,  muchos de estos actores podrán instar ante las autoridades administrativas y/o judiciales, a fin de que se haga efectivo el más alto y sano respeto colectivo de los trabajadores, no sólo de las normas laborales vigentes, sino también por la más alta consideración respecto de la integralidad de normas inmersas en nuestro ordenamiento jurídico del modo más armonioso y exigible.Más aún cuando ha sido nuestra propia Corte Suprema de Justicia Nacional quien en reiterados fallos ha sentado jurisprudencia al respecto, resolviendo que debe existir concordancia entre los tratados internacionales, nuestra Constitución Nacional y las diferentes leyes de fondo de modo armonioso.


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