La Ciudad de Buenos Aires, nuestra casa común

Por CECILIA SEGURA / Legisladora porteña por el Frente de Todos

Un calendario saturado de efemérides y la crisis sanitaria mundial que estamos viviendo, puede lograr que la celebración internacional del 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, pase desapercibida. No obstante, la situación ambiental de “Nuestra casa”, el planeta tierra, hace que esta fecha recupere la máxima relevancia. El Papa Francisco es categórico al respecto: “Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos” declaró ya hace unos años en Laudato Si.

Algunos indicadores que dan cuenta del colapso planetario al que nos enfrentamos señalan que el calentamiento global durante el 2020 va camino a ser el año más caluroso de la historia y nuestras emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) continúan creciendo año a año, solo enlentecidas momentáneamente por la pandemia producto del virus COVID-19. A su vez, el calentamiento global produce que se degraden tierras a un ritmo de 23 hectáreas por minuto, impactando directamente en el acceso a alimentos y agua potable. El cambio en el clima también es acompañado por el aumento de eventos naturales extremos (inundaciones, sequías, huracanes, etc.) que en el 2019 produjeron 820 desastres que tuvieron como consecuencia miles de muertes y miles de millones de dólares en pérdidas materiales. Mientras presenciamos estos sucesos, el consumo de recursos aumenta como nunca antes en la historia de la humanidad. Desde 1970, se ha triplicado el consumo de los recursos naturales al punto que en la actualidad, ya excede la capacidad de generación planetaria.

En este contexto, el 5 de junio no solo no debe pasar desapercibido, sino que debe convertirse en un visceral llamado a la acción. Ahora, tenemos que hacer una salvedad muy importante para evitar un abordaje naif que tantas veces se le da a la ecología. La extraordinaria emergencia global que vivimos no responde a un problema exclusivamente ambiental. Como señala Francisco, “el verdadero planteo ecológico se convierte siempre en planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”. Estamos ante un urgente desafío social, económico, político y cultural que debe convocarnos a un cambio paradigmático que nos conduzca hacia un desarrollo sostenible e integral, que prioritariamente se ocupe de los excluidos, que son los que más padecen las consecuencias de la degradación ambiental.

En la actualidad, el desarrollo de la humanidad es conducido por una lógica económica donde el afán por el lucro lo justifica todo, incluyendo la explotación del hombre y del ambiente sin ningún límite, consideración o respeto por la vida. El consumo desmedido, la centralidad de las cosas, la inmediatez del presente, el desplazamiento de los vínculos construidos, los valores, los sentimientos, por necesidades impuestas por el sistema y que se agotan en cosas a ser consumidas y descartadas, se devora todo. Un futuro que ha perdido horizontes éticos, llena a la humanidad, y a sobre todo a la juventud, de un profundo vacío. Es por eso que la profunda degradación en que nos encontramos sumergidos es tanto ambiental como social. Como se sostiene en la Encíclica Laudato Si, “el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social”.

Como sociedad tenemos que abrazar el concepto de circularidad para conseguir un consumo y producción sostenibles. Debemos desligar el crecimiento económico de la degradación del medio ambiente y, al mismo tiempo, asegurarnos de que la transición a las economías verdes creen oportunidades y promuevan el bienestar general de la humanidad, sin excluidos. El objetivo final de este proceso es una transformación integral, para construir un nuevo pacto verde mediante un movimiento global y colectivo que articule la economía, el ambiente y la justicia social.

Francisco ha señalado que el derroche comienza donde solo nos vemos a nosotros mismos, por eso, este horizonte significa una transformación radical de la forma en que vivimos y debe dirigirse a cambiar nuestras prácticas cotidianas. Desde mi rol en la legislatura junto a diversas organizaciones sociales y colectivos, aprovechando su experiencia y trabajo de muchos años, presentamos un proyecto para crear un Sistema de Huertas Públicas Agroecológicas en espacios públicos de la Ciudad. Las huertas tienen que ser un espacio de educación y formación ciudadana, donde nuevas prácticas de producción sostenible de alimentos saludables y de soberanía alimentaria, sean herramientas para construir un mundo más justo. Nosotros pretendemos mostrar la importancia que tiene el acceso a producir colectivamente una parte de los alimentos que consumimos, sin usar químicos. La soberanía alimentaría y la sostenibilidad está intrínsecamente relacionada al valor de la solidaridad que reside en la producción comunitaria.

Otro buen ejemplo, de prácticas sustentables, que producen grandes transformaciones está relacionado al consumo de plásticos de un solo uso. Más del 80% de la basura marina está conformada por plásticos. Por eso, otro de nuestros proyectos está orientado a prohibir que las instituciones públicas de la Ciudad de Buenos Aires puedan compran y utilizar plásticos de un solo uso. La propuesta se orienta a que desde el Estado se lideren estos procesos de concientización, aportando a la necesaria mejora en las prácticas de gestión de residuos de la ciudad.

Los porteños y porteñas vivimos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es nuestra casa común. El Día Mundial del Medio Ambiente debe interpelarnos a todos y todas a cuidarla, a reflexionar respecto a la forma en la que consumimos e interactuamos con la naturaleza en nuestro ámbito diario. Tenemos entre todos y todas por delante el enorme desafío de construir una sociedad más solidaria, trabajando colectivamente por una ciudad más sostenible y un modelo de desarrollo armónico y respetuoso de nuestro ambiente.


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