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Nuevos desafíos para avanzar en un sector universitario competitivo

Por LUIS ARAYA CASTILLO / Director de Postgrado en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello (Chile)

En los últimos años las universidades se encuentran operando en un entorno altamente competitivo y complejo. Esta situación se acrecentó con la pandemia del Covid-19 y que ha obligado a la educación superior ha experimentar -a nivel mundial- un proceso de construcción y reconstrucción. En este escenario, las universidades se enfrentaron a la dificultad para mantener sus ventajas competitivas, viéndose en la necesidad de modificar sus propuestas de valor, reformular sus sistemas de gestión, innovar constantemente, encontrar formas más efectivas para entregar sus servicios y responder a los cambios sociales bajo las nuevas dinámicas competitivas.

Frente a ello, se sostiene que la globalización de la economía ha impactado al mercado de la educación superior, principalmente por el alto nivel de dinamismo, por presentar características similares a las de una industria de servicio, por el rápido crecimiento de las instituciones participantes y de la respectiva matrícula, por la aparición de nuevos tipos de instituciones, la conformación de consorcios académicos, los crecientes niveles de diversificación y privatización, el incremento en las restricciones presupuestarias, los cambios en las regulaciones, mayores niveles de demanda por control de calidad, la masificación de la educación superior, el desarrollo de un mercado de educación global, por una elevada competencia por captar y retener a los estudiantes, y por el hecho de que la educación superior se ha vuelto más segmentada.

Además, existe una tensión entre los esfuerzos y las prácticas de mejora de la calidad impulsadas internamente por las universidades y las presiones que provienen por los cambios en el entorno externo, debido a que tanto los responsables políticos como los agentes sociales han comenzado a exigir que las universidades justifiquen sus resultados y que ofrezcan programas académicos de buena reputación y valor agregado. Por su parte, los estudiantes esperan que la formación superior recibida les permita mejorar sus expectativas de desarrollo personal y profesional, en tanto que el gobierno espera que el mayor nivel de formación contribuya a mejorar la competitividad a nivel país. Y, las empresas esperan que los profesionales adquieran los conocimientos, habilidades y capacidades, que se requieren para mejorar sus indicadores de productividad.

En este contexto, las universidades tienen el desafío de aprovechar en forma positiva los cambios que ha experimentado el entorno en que operan, al mismo tiempo que deben adaptarse a los cambios del entorno, reexaminar sus estructuras, estrategias y procesos, adoptar estrategias competitivas que permitan diferenciar sus ofertas, enfocar sus esfuerzos en las actividades de comercialización, ofrecer una formación profesional que responda y se adecúe a las necesidades del entorno laboral y social, desarrollar una base sólida que les permita alcanzar altos niveles de calidad a través de la creación de valor y la mejora continua de sus procesos organizacionales, y de competir entre ellas por los estudiantes, profesores, recursos y reputación, mientras que el Estado participa con diversas políticas para regular los mercados.

Esto explica que las universidades hayan optado por implementar estrategias de marketing que les permiten diferenciarse de los competidores, alcanzar posiciones de liderazgo y seguir siendo competitivas; dado esto, las universidades han modificado su comportamiento competitivo, debido a que el entorno en que operan les exige que se focalicen en los intereses de sus grupos de interés, y que se comparen con las instituciones de mayor reconocimiento a nivel mundial, ya que deben responder no sólo a las amenazas de sus competidores locales, sino que también deben hacer frente a la existencia de un mercado de educación internacional en crecimiento.

Y las universidades tienen que operar con una orientación al mercado, revitalizar sus modelos de negocios y construir fuertes relaciones con el alumnado; estas instituciones, especialmente las que operan en países en vías de desarrollo, tienen la problemática de servir a una población cada vez mayor de estudiantes, y que está más diversificada social y culturalmente; en dicho sentido, las universidades deben reconocer como una oportunidad de mercado, la tendencia internacional que existe hacia una población estudiantil más heterogénea, ya que pueden responder a las nuevas tendencias del mercado de educación superior a través del diseño de programas de formación que hagan uso de las tecnologías de la información y la comunicación. Las universidades pueden modernizarse a través de alternativas estratégicas que posibiliten la incorporación de modalidades no convencionales de educación, por cuanto en muchos países existe la necesidad de incorporar al sistema de educación superior a personas que, por razones geográficas, familiares, laborales o de salud, no pueden cursar estudios en la modalidad convencional; asimismo, es cada vez mayor el número de personas que deciden cursar estudios superiores en la modalidad no tradicional o a distancia. Esta decisión la fundamentan en sus preferencias y estilos de vida personales, en la mayor importancia que asignan a las necesidades funcionales y en comportamientos de compra que exhiben menores niveles de aversión al riesgo.

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