Los ríos caudalosos de las Fake News

Por YAMILE CÓCERES / Periodista y locutora nacional

“Debemos asegurarnos que nuestras bocas y gargantas estén húmedas, nunca secas, por lo que debemos beber un sorbo de agua cada quince minutos (…)”

Joaquín, de once años, abre sus ojos y sale eyectado a la cocina para lanzarse sobre una botella y el primer vaso que encuentra en el camino. Entonces bebe desesperado un sorbo eterno. Su mamá, Cecilia, al principio observa la escena en silencio, pero luego se inquieta. Pregunta que es lo que pasa. Entonces el niño le acerca su tablet y le muestra un flyer con supuestas recomendaciones para evitar la transmisión de COVID-19. Por supuesto, el material es falso. La recomendación es falsa.

En tiempos de aislamiento, las Fake News crecen como ríos caudalosos y lo hacen a través de diferentes canales que no distinguen sexo ni rango etario. Por eso, su daño excede los límites de lo controlado.

El uso de las nuevas tecnologías en este tiempo de pandemia nos interpela. Ese río que fluye sin límites requiere de una mirada responsable y exhaustiva por parte del usuario para que no termine inundando cada rincón con desinformación.

Es lógico y hasta obvio: el encierro puede generar estados de ansiedad, a partir de la total incertidumbre con respecto al futuro en el corto, mediano y largo plazo. Nadie sabe donde quedó su rutina y todos temen por no volver a encontrarla. Esta es precisamente una de las causas que nos lleva a consumir y a recibir más información de la habitual, a estar sobreinformados, generando una intoxicación que puede afectar a las emociones. Queremos que alguien nos diga que todo esta a punto de resolverse. Y lo queremos ya.

Ahí es donde resulta sano y hasta imprescindible tener la capacidad de desdoblarnos. Que nuestro rol de comunicadores comprenda la importancia de activar todos nuestros protocolos de alarma para entender que tenemos una responsabilidad social gigante en el marco de esta pandemia: la obligación de comunicar mejor y con la verdad, basada en hechos. Recurriendo a fuentes óptimas. Chequeando cada oración.

Claro. También es cierto que el “río revuelto es ganancia de pescadores”. Siempre habrá sectores que se beneficien con la propagación de noticias falsas, sin medir el gran daño que pueden causar. Por eso también es central que toda la sociedad comprenda que es parte de esta cadena informativa, que las redes sociales y las múltiples pantallas como celulares y tablets, pueden transformarse tanto en herramientas valiosas como en armas de destrucción masiva.

Cada uno puede convertirse en usuario activo y generar contenidos. Todos tenemos la posibilidad de compartir información chequeada, confiable y veraz. Donde aparezca el riesgo, donde nuestra intuición nos haga presente la duda, allí se debe recurrir a la legitimación, con la certeza de que toda información validada contribuye a disminuir el caos.

Las fuentes confiables son múltiples. Entre ellas, podemos confiar en las organizaciones mundiales, los organismos gubernamentales, especialistas reconocidos en la temática (si, esos que vemos todos los días en la TV en horario central), en papers académicos. Allí es donde podemos poner nuestra mirada para no contribuir con las Fake News, de la que no nos libera un barbijo.


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