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Los grupos estratégicos en la educación superior

Por LUIS ARAYA CASTILLO / Director de Postgrado en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello (Chile)

La educación superior ha experimentado mundialmente un proceso de construcción y reconstrucción, manifestándose como un sector altamente demandado, y con ello, complejo para lograr mantener sus ventajas competitivas. En este contexto, las instituciones de educación superior tienen el desafío de responder rápidamente a las nuevas dinámicas competitivas, de innovar constantemente, así diferenciarse de otras organizaciones y potenciar su posicionamiento estratégico. Asimismo, las instituciones deben ofrecer programas académicos de buena reputación y valor añadido, al mismo tiempo que reexaminan sus estructuras, experticias y procesos, y adoptan estrategias competitivas que les permitan diferenciar sus ofertas, basándolas en niveles superiores de calidad.

Dado esto, se hace necesario estudiar la dinámica competitiva del sector de educación superior desde una perspectiva estratégica. Dicha conclusión parte de un reconocimiento: que el sector de educación superior presenta características similares a las de una industria de servicios, con dinámicas similares entre los diferentes países, tal vez con la excepción de aquellos de menores ingresos. Esto es relevante, debido a que el sector de educación superior se relaciona en forma directa con el crecimiento de una sociedad y su desarrollo socioeconómico.

Para conseguir este objetivo se puede aplicar la teoría de grupos estratégicos (GEs), según la cual las empresas que compiten en una industria se agrupan en función de combinaciones similares de alcance o ámbito de actuación en el mercado y de compromiso de recursos. Por tanto, el concepto de grupo estratégico sirve de enlace entre la estructura del mercado (heterogeneidad de la industria) y la conducta de las empresas (opciones estratégicas llevadas a cabo), donde el desempeño de la empresa (como la eficiencia y la rentabilidad) depende de la conducta de la compañía.

De acuerdo con esta teoría, un grupo estratégico se compone por un conjunto de instituciones de educación superior que en un determinado mercado tienen recursos y planes comunes. La división del sector de educación superior en grupos estratégicos proporciona una herramienta de análisis que permite profundizar en el estudio de la naturaleza de la competencia, con un nivel de variación mayor al que permite el estudio de una sola institución, y de una manera más particularizada de lo que permite el análisis agregado del sector.

A través de la teoría de GEs las instituciones de educación superior pueden conocer quiénes son sus competidores, así como identificar las variables (o decisiones) estratégicas que definen el comportamiento competitivo de su clúster o grupo estratégico, y evaluar si estos grupos son estables en el tiempo y si las decisiones adoptadas tienen impacto en los niveles de desempeño.

Por lo tanto, la teoría de grupos estratégicos explica la posición competitiva de cada institución del sector de educación superior en relación con sus competidores. Esto porque las instituciones que participan en un mismo sector de educación superior no necesariamente compiten entre sí, debido a que usualmente limitan su atención a las acciones adoptadas por un número pequeño de competidores, por cuanto se posicionan en su entorno competitivo a lo largo de un reducido número de dimensiones estratégicas que les caracterizan y les otorgan determinadas ventajas competitivas. Es decir, las decisiones estratégicas que adoptan las instituciones de educación superior son oportunas en la medida que la inversión que realizan en cada una de las fuentes (dimensiones estratégicas) les conduce a resultados ad-hoc, es decir, que obtienen como resultado de su gestión aquello que pretendieron a partir de su mezcla de despliegue de recursos.

Esto implica que las instituciones de educación superior pertenecientes a un mismo grupo son capaces de responder del mismo modo a perturbaciones, de reconocer su mutua dependencia y anticipar de forma precisa la reacción del resto del grupo. Es así como las instituciones que conforman un GE disminuirán la importancia relativa de unas variables estratégicas y aumentarán la importancia relativa de otras. Esto se debe a que los GEs son homogéneos en su interior (es decir, las instituciones que los componen son similares entre sí), pero son heterogéneos con respecto a otros GEs.

Además, los grupos estratégicos son estables en la medida que las instituciones de educación superior que conforman otros colectivos no realicen modificaciones sustanciales en sus planes de formulación estratégica. Sin embargo, los movimientos son posibles, por cuanto algunas instituciones pueden cambiar su orientación estratégica y trasladarse hacia clústeres más deseables o pueden optar por definir una posición grupal competitiva completamente nueva.

Esta situación es relevante, ya que los tomadores de decisiones pueden conocer el posicionamiento estratégico de sus instituciones, y con esto evaluar si se deben establecer planes de formulación estratégica o de reformulación estratégica, para cambiar de posicionamiento. En caso de que la institución busque mantenerse en el mismo grupo estratégico -para mejorar o mantener la posición que ocupa en este clúster-, deberá continuar invirtiendo en las dimensiones estratégicas que lo definen; en cambio, si la institución desea cambiar de grupo estratégico, entonces requerirá desarrollar los recursos que caracterizan a este otro clúster, y con esto romper las barreras a la movilidad. Por su parte, los gestores públicos pueden conocer la dinámica del sector, y con esto adoptar acciones que contribuyan a mejorar los indicadores de competitividad del mercado de educación superior. Al conocer el funcionamiento y estructura del mercado, sus administradores pueden establecer planes de control y mejoras, que favorezcan la competencia, y con esto, la calidad de los programas académicos y el servicio entregado a los estudiantes.