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Los 30 años del Mercosur: logros y tareas pendientes

Por DIEGO GUELAR / Ex Embajador argentino en China, Unión Europea, Brasil y Estados Unidos

El 26 de marzo próximo se cumplen 30 años de la firma del Tratado de Asunción, que diera nacimiento al Mercado Común del Sur, o Mercosur. Que no nació, justamente, de un repollo. Ya el 30 de noviembre de 1985, con la democracia recuperada, los presidentes de la Argentina y Brasil -Raul Alfonsín y José Sarney- suscribieron la Declaración de Foz Iguazú, donde se comprometieron a “analizar, en forma conjunta, políticas de cooperación e integración entre las naciones latinoamericanas”. Y no fueron solo palabras. El 29 de julio de1986 firmaron el primer tratado de Integración y Cooperación entre la Argentina y Brasil, después de 150 años en los que primaron el enfrentamiento y la construcción recíproca de la principal “hipótesis de guerra” en Sudamérica (con la que también teníamos con Chile).

Para 1991 -el 18 de julio-, los dos países crearon, con sede en Río de Janeiro, la “Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares” (Abacc) poniendo bajo monitoreo conjunto los dos únicos esquemas de producción de energía atómica en América Latina. La Argentina y Brasil podían “hacer la bomba” y, en forma conjunta, renunciamos al uso militar de esa energía, rematándolo luego con el ingreso al Tratado de No Proliferación (TNP) con sede en Viena (la Argentina en 1995 y Brasil en 1998). El enfrentamiento histórico entre la Argentina y Brasil –más allá de los intentos pacificadores frustrados de los presidentes Roca y Perón, más la “Doctrina del ABC” propuesta en 1915 por el canciller brasileño, Baron de Rio Branco- había caracterizado la relación bilateral, congelando cualquier posibilidad integradora en la región. El 17 de diciembre de 1994 se celebraría en la ciudad de Ouro Preto, Brasil, el tratado homónimo que marcaría el nacimiento de la “Unión Aduanera Mercosur”, con el objetivo de alcanzar un Mercado de libre Comercio y coordinar acciones macroeconómicas para alcanzar la integración plena y, en el futuro, una moneda común. El ejemplo de la Unión Europea estaba tan presente que, el 15 de diciembre de 1995 se suscribiria en Madrid, entre los jefes de Estado del Mercosur y la UE, el “Acuerdo Marco para la negociación de un Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la UE” (finalmente, suscripto en el 2019).

Con visión de futuro, la Argentina había sancionado una nueva Constitución el 22/8/1994, incorporando en su artículo 75, inc. 24), la supremacía de los tratados de integración sobre la ley nacional. En 1991, el comercio intrarregional era de $2000 millones de dólares, en 2011 superamos los $40.000 millones. Desde ese año en adelante, es muy poco lo que hemos avanzado (por el contrario, hemos retrocedido), pero el saldo histórico sigue siendo muy positivo:

1) Dejamos atrás las “hipótesis de guerra” Con nuestros vecinos y construimos una “zona de paz” ejemplar, estable y creíble (cumbre del Mercosur, Ushuaia, 13-7-1998).

2) Negociamos uno de las acuerdos de libre comercio más ambiciosos del planeta, el firmado con la UE (2019).

3) Construimos las bases de una “Nación de Naciones Sudamericana” que deberá incluir a todo nuestro subcontinente ( por cuestiones geopolíticas obvias, Centroamérica, el Caribe y México, tienen una prioridad de pertenencia norteamericana).

No obstante, queda pendiente:

1) Perfeccionar la unión aduanera y el mercado común, avanzando hacia la “confluencia macroeconómica y la construcción de la moneda común”.

2) Extender las negociaciones de libre comercio a los EEUU y China.

3) Construir una “red de agencias” -medioambiente, fitozoosanitaria, energética, alimenticia y de seguridad- que completen temáticamente nuestros vínculos para no limitarlos a los temas económicos y comerciales.

4) Construir la “Federación, Confederación o Unión Sudamericana” con la que soñaron nuestros padres fundadores.

La tarea por delante es inmensa. Hoy estamos más “balcanizados” que nunca y parece que los objetivos descriptos son solo “sueños de una noche de verano”. La Argentina tiene un gran desafío: tenemos la secretaría pro tempore del Mercosur este semestre y el próximo la tendrá Brasil. Deberíamos proponer una “agenda anual conjunta” que nos permita dar pasos en el sentido correcto y nos permita superar el pragmatismo vacuo y el ideologismo barato que imperan en estos tiempos. Solo es cuestión de proponérnoslo.