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La pandemia como riesgo y aprendizaje

Por JOSÉ BORDÓN / Ex Embajador

Al momento de llegar el Covid 19 a la región, esta exponía en general una negativa convergencia de Estados débiles, sistemas de salud frágiles, baja calidad institucional y altos niveles de desigualdad, informalidad y pobreza.

En el caso particular de la Argentina llevábamos casi una década de estancamiento y recesión económica, desequilibrios macroeconómicos e incremento de la pobreza y la inequidad. También, una preocupante y extensa polarización política con la consecuente ausencia de políticas públicas de mediano y largo plazo.

Los diversos gobiernos de la región han adoptado diferentes medidas para afrontar el Coronavirus: desde la negación del riesgo o la esperanza en la “natural inmunización de rebaño” hasta confinamientos estrictos.

Los resultados han sido en general negativos, graves, no solo en términos del alto número de víctimas, sino también porque profundizó las debilidades preexistentes del entramado social, económico y político. Dejó en evidencia la ausencia de una gobernanza nacional y multilateral acorde con los desafíos actuales e incrementó los riesgos para la gobernabilidad de la democracia en la región.

Todo ello en un escenario mundial en el que la globalización, los profundos y rápidos cambios tecnológicos, la creciente presencia del mundo asiático, en particular el surgimiento de China como emergente super potencia global, generan nuevas oportunidades, pero también las fuertes incertidumbres que dominan el presente.

Crece y debe crecer en la Agenda Internacional la evidencia de la afectación presente y las gravísimas consecuencias en las próximas décadas por el desequilibrio y deterioro del Medio Ambiente y las alertas poco atendidas respecto a los riesgos para la salud global por las características de la producción y las formas de vida actual.

Cuando hace pocas décadas pensamos que teníamos todas las respuestas nos cambiaron las preguntas. Ante la incertidumbre se debe indagar con imaginación para encontrar las preguntas y respuestas adecuadas a esta nueva y compleja realidad.

La pandemia no es la causa única de la desazón y confusión, pero impacta fuertemente. Ha generado cambios en la percepción de las regiones y los Gobiernos en función de los resultados.

Fuerte debates nacionales y locales sobre el balance entre las medidas de aislamiento para combatir el virus, la extensión y eficiencia de los tests, la capacidad de infraestructura y recursos humanos para atender los infectados y la afectación a la producción, el comercio, el empleo, los ingresos, el consumo y los equilibrios macroeconómicos.

Se manifestaron diversos comportamientos institucionales, sociales y ciudadanos frente a los desafíos inmediatos y excepcionales que demandó la pandemia. En las Democracias con mas diálogo, pluralismo y capacidad de consensos, las momentáneas y razonables concentraciones del poder en el ámbito ejecutivo fortaleció y generó nuevas oportunidades y espacios para recuperarse en un mediano plazo. Incluso seria previsible el surgimiento, frente a la difícil experiencia, de nuevos acuerdos para superar diferencias y dificultades previas a este acontecimiento.

En otras Democracias sin aquellos atributos, o más débiles en su arquitectura y cultura institucional, la necesidad de concentrar decisiones llevó a debilitar los balances de poder, menores transparencias y eficiencias en el gasto público, mayor polarización política y debilitamiento de la Democracia.

La información al presente indica que en el 2021/22 seguiremos, con diversas intensidades, con el Covid 19 presente en nuestra región y en el mundo. Los gobiernos, los diversos sectores sociales y los ciudadanos contarán con mayor conocimiento y mejores medidas sanitarias para enfrentar el flagelo.

También con ciudadanías mas agotadas física y psicológicamente; con impactos en la salud producto de consecuencias directas de la enfermedad y otras colaterales frente a la deficitaria o insuficiente atención de otras dolencias; economías y recursos fiscales mas comprometidos; mayores inequidades entre regiones, países, actividades productivas y sectores sociales. Nuestra gente y sus democracias están y estarán en riesgo.

Su resiliencia y fortaleza estará fuertemente relacionada por cuanto hayamos aprendido en estos 12 meses y como se debatan, acuerden, difundan y ejecuten reformas y conductas en el régimen institucional, político, económico y social de nuestras democracias y en la sociedad internacional, que permitan metabolizar con visión integral, sensibilidad y responsabilidad las renovadas demandas sociales y de participación de la nueva ciudadanía.

Que la pandemia opere como un espejo de aprendizaje de lo que no se quería o no se sabía ver. Es el desafío y la esperanza.

Hoy cada uno puede convertir su espejo en una ventana de solidaridad y cooperación democrática, ya sea a nivel de la sociedad internacional, los Estados nacionales y por supuesto, cada persona que habita el planeta. Porque como es sabido: nadie se salva sólo.

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