La cuarentena va a durar lo que tenga que durar

DARÍO LOPÉRFIDO / Vicepresidente del partido Mejorar

A pesar de que el Presidente Alberto Fernández pareciera que gobierna un país distinto a la Argentina, la realidad es gravemente complicada. En su última conferencia, además de extender de manera oficial la cuarentena hasta la primer semana de junio, hizo una declaración que claramente refleja su poco conocimiento de la economía actual: “Estoy muy contento de ser uno de los países que más preservó el empleo en el mundo en medio de la pandemia”.

No hace falta investigar mucho para encontrar datos del Centro de Economía Regional y Experimental que indican justamente lo contrario. Según un informe del CERX, el stock de endeudamiento de las familias creció 9,5% en mayo empujado por las deudas no bancarias que aumentaron 25,9%. Básicamente, 9 de cada 10 familias acumularon deudas. Tomar deuda para pagar deudas, el inicio de un fin anunciado.

Datos del BCRA y fuentes privadas, estiman precisamente que el 80% de las familias argentinas están endeudadas con los bancos. La gente perdió ingresos, acumuló deudas (colegio, prepagas, servicios públicos, impuestos, créditos) y sus decisiones de consumo -que en la Argentina representa el 75% del PBI- serán limitadas.

Es clave recordar que con sólo once días de cuarentena, la economía cayó en marzo un 11,5% interanual y 9,8% en comparación con febrero. Estimaciones privadas esperan que en abril la caída ronde el 25%. Una de las mayores caídas económicas interanual en nuestra historia moderna. Sin duda alguna, Argentina será uno de los países más golpeados de la región y su recuperación llevará años.

Desmintiendo a algunos periodistas, que sobreestiman la capacidad del gobierno de manejar esta crisis, la eventual recuperación no será en forma rápida. Se tardará bastante en parar la caída. La recuperación será lenta y no se recuperará todo lo perdido.

Los mercados y las empresas están bajo una gran incertidumbre, no saben que hacer con sus inversiones y, peor aún, hay empresas bajo la disyuntiva de cerrar sus puertas o seguir tomando deuda para aguantar esta etapa. Nadie, ni siquiera Alberto Fernández sabe cuánto durará esta cuarentena y la única variable que determina esto, viene teniendo un crecimiento exponencial.

En concreto, hasta ahora se contabilizan 65 días de cuarentena, que fue decretada el 20 de marzo, y si como todo parece indicar, el plazo llegará a extenderse hasta el 8 de junio, eso significaría 80 días de parálisis económica. Dato para tener en cuenta, Argentina es el ÚNICO país del mundo que por la cuarentena no vendió ningún auto. La caída para las concesionarias fue de tal magnitud, que deberíamos retroceder 60 años para encontrarnos con valores similares. Solo un ejemplo de la debacle.

El mercado financiero también se resiente. La salida de capitales de los mercados emergentes -específicamente de Argentina-, hace caer los precios de bonos y acciones, buscando activos de refugio ante el cambio brusco de escenario, aumenta las tasas de los bonos soberanos elevando el riesgo país y presionando a las monedas de países emergentes, generando devaluaciones masivas. Cabe aclarar también que el lunes feriado, cómo viene siendo costumbre, el BCRA estableció un control del mercado de capitales para “evitar” la compra de divisas. Todo esto, en un contexto en que Argentina cayó en un default técnico el 22 de mayo por el no pago de deuda a sus acreedores privados.

De esta manera, nuevamente Argentina vuelve tener cerrados los mercados de deuda internacional, es decir, la capacidad de poder financiarnos a tasas bajas como lo hizo Perú, Colombia y/o Paraguay. Esto ya nos pasó bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, lo cual nos obligó a tomar un préstamo de Venezuela con Chávez a la cabeza a una tasa del 14%, siendo que la tasa promedio del mercado es de entre 3% y 5%.

Hablando de Venezuela, el camino de política intervencionista que está llevando a cabo el gobierno Kirchnerista es muy similar. El estado pareciera tener una obsesión por controlar los medios de producción y distribución privados, lo vimos reflejado la semana pasada cuando la diputada Fernanda Vallejos declaró que para ella las empresas que recibieran préstamos estatales deberían entregar parte de su control. Lo mismo sucede con los hospitales y clínicas privadas, sí por causa del coronavirus comenzamos a ver una saturación del sistema sanitario, inmediatamente el estado buscaría tomar la administración de estas entidades para decidir en base a lo que “ellos” consideran mejor.

La crisis sanitaria agarra a la Argentina en un pésimo contexto, con extrema fragilidad económica. Gobierno nuevo, crisis de confianza, mercados cerrados, ocho meses de riesgo país en zona de default, recesión, estancamiento estructural, más de diez años de inflación sistémica y al alza, Banco Central quebrado y una economía que aún arrastra desequilibrios macro.

El avance del colectivismo por sobre la libertad individual pocas veces se queda solo en lo sociocultural. Más bien, uno de sus pilares principales de manipulación social es el control económico. Sí el estado logra controlar que se produce, cómo se produce y a quién se distribuye, la economía y la sociedad está bajo el mando del paternalismo estatal.

Mientras todo esto pasa el Presidente hace conferencias de prensa y se autoelogia comparándose con Chile mostrando unos gráficos desopilantes. En un par de tweets el embajador chileno le explica el error que cometió. No son errores. La mentira es la única política de Estado en la Argentina.


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