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La acción climática en el centro de la agenda

Por MAXIMILIANO FERRARO / Diputado Nacional por la Coalición Cívica

El pasado agosto, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, publicó el informe más extenso y completo a la fecha sobre las drásticas consecuencias del calentamiento global.

Este documento, que analiza más de 14.000 artículos científicos sobre los distintos fenómenos que se vienen registrando en todo el planeta, preocupa y desnuda una fuerte disyuntiva común para todos los estados: encarar al cambio climático como quimera, o como un problema serio, concreto y presente.

Si negar este fenómeno climático ya no puede ser calificado como un acto de ingenuidad, tampoco pueden serlo las medias tintas, las marchas y contramarchas, o los eslóganes vacíos. Esta tercera vía también lleva al fracaso y a la miseria.

En especial, en América Latina la que, según el informe, sería una de las regiones más golpeadas, con un aumento más acelerado de las temperaturas y el nivel del mar que en el resto del mundo. Sequías, inundaciones, pérdida de biodiversidad, escasez de agua potable, pobreza extrema y desigualdad.

Es la foto que nos espera si no cambiamos el rumbo de un gobierno que sigue desfinanciando y vaciando de contenido los planes y programas de adaptación y mitigación del cambio climático.

El informe lo reitera: solamente queda una última oportunidad. ¿Cómo encararla? A través un cambio de paradigma y la puesta en marcha de todas las acciones necesarias para alcanzar la meta de las cero emisiones netas para 2050. Un paradigma que consiste en enclavar la acción climática en el centro de la agenda de forma absolutamente transversal.

Los planes de desarrollo, inversión e innovación deben contemplar una perspectiva de sostenibilidad, que permitan alcanzar e intensificar nuestras metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

En lugar de seguir tropezándonos con viejas recetas vinculadas con la explotación de recursos no renovables, es hora de potenciar las actividades económicas y los desarrollos tecnológicos que nos permitan generar crecimiento de forma limpia, creando nuevos empleos verdes.

Según un reciente estudio realizado por la organización WIN junto a Voices!, el 90% de los argentinos percibe al calentamiento global como una amenaza, por encima del promedio global. Además, este mismo porcentaje aplica a los argentinos que creen que sus acciones individuales pueden ayudar a mejorar el ambiente. Estas cifras nos advierten sobre la necesidad de adoptar cambios de hábitos de producción y consumo, de acompañarlos y celebrarlos.

Comprometernos internacionalmente implica que la acción climática sea sostenida en el tiempo para poder cumplir con las metas propuestas. Estamos hablando de educación, información, gestión ambiental, marco legal, planes, programas y financiamiento para el desarrollo sostenible. Hablamos de embanderar y empoderar a los jóvenes que, en su gran mayoría, creen en las soluciones basadas en la naturaleza y en la preservación de la biodiversidad como sinónimo de salud y abundancia.

Una juventud que sabe mucho mejor que nosotros que el trabajo, el emprendedurismo y el desarrollo pueden compatibilizarse con el cuidado del ambiente. Una juventud que no cree en falsas soluciones ni en falsos profetas; que sabe que el cambio empieza por casa, y que además reconoce el valor y la fuerza de lo colectivo.