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Kirchnerismo y seguridad: dos asuntos separados

Por GERARDO MILMAN / Ex Viceministro de Seguridad de la Nación

“Darse cuenta” es un cuento de Jorge Bucay que habla de una persona que todos los días tropieza con el mismo pozo, hasta que finalmente decide caminar por la vereda de enfrente y solucionar su problema. Este breve relato lleva a pensar que a veces es necesario chocarse en reiteradas oportunidades con el mismo obstáculo para poder transformar, superar, eliminar o aceptar algo.

La lucha contra la inseguridad, un tema muy serio y costoso en vida y bienes, no puede ser como el pozo de Bucay. El Gobierno debe llevar a cabo una política firme y contundente para combatir el delito, el crimen y el narcotráfico. Pero hace todo lo contrario: desde el año pasado se observa un claro retroceso en materia de seguridad y la designación de Aníbal Fernández no hace más que oscurecer el panorama.

Recientemente, el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) elaboró un informe que registró que, en 2020, a pesar de las feroces restricciones impuestas en el marco de la cuarentena, se registró una tasa de 5,3 víctimas de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes en la Argentina. Si se compara con la tasa de 5,1 del 2019, se llega a un aumento del 3,8%, pandemia mediante.

No es el único dato alarmante que arrojó el informe del SNIC: en 2020 también aumentó 5,8% la tasa de homicidios culposos, y 29,2% la tasa de delitos contra la integridad sexual, en comparación con el año anterior.

Ni con los argentinos encerrados, el kirchnerismo logró ofrecer un mínimo embate contra la inseguridad. La base de la dificultad del Gobierno para llevar adelante una correcta administración radica en su dificultad histórica para sintonizar con los problemas de la ciudadanía; en su lugar, se va por la tangente ideológica. Una actitud a la que nos tiene acostumbrados.

En el último año hubo un avance en el microtráfico de drogas, liberaron a más de 11.000 presos y se reportan cada vez más robos y hechos de violencia. Lo que sucede en Santa Fe es el reflejo de la desidia total del Gobierno en materia de seguridad: los rosarinos conviven diariamente con la guerra del narcotráfico y sus terribles consecuencias. Mientras tanto, el 37% de los cargos de jueces y fiscales federales de la ciudad están vacantes.

Los argentinos se acostumbraron a vivir con miedo en este último tiempo, a saber que si salís de tu casa puede ser que no vuelvas y a tener la sensación de que el Estado no te cuida ni le interesa cuidarte. En medio de esta situación, el kirchnerismo vuelve a tropezar con el mismo pozo y designa a Aníbal Fernández como nuevo ministro de Seguridad, aun habiendo fracasado en ese mismo cargo durante la primera presidencia de Cristina Kirchner.

En la anterior gestión de Aníbal Fernández, la Argentina tuvo problemas elocuentes en materia de criminalidad organizada, representados en casos emblemáticos como el Triple Crimen de General Rodríguez. No obstante, él siempre ninguneó y hasta minimizó estos problemas. Sin ir más lejos, fue quien afirmó que la inseguridad era “una sensación”.

Pareciera que el flamante ministro no aprendió de sus errores, ya que en los últimos días descartó el uso de las pistolas Taser. “La Argentina no está preparada para las Taser, no se puede usar”, dijo, sobre estas armas no letales que permiten la inmovilización de delincuentes sin causar daños a terceros. El que no está preparado para garantizar la seguridad de los argentinos es él.

En la vereda de enfrente, durante la gestión de Patricia Bullrich al frente del Ministerio de Seguridad de la Nación se bajaron sistemáticamente los homicidios. Asimismo, se tomaron medidas para reconstruir la valoración simbólica de las fuerzas de seguridad; se trabajó de manera incansable para bajar la tasa de homicidios, de robos y de secuestros; y aumentó el decomiso de drogas y bienes del narcotráfico.

Las medidas populistas que tomó el kirchnerismo después de la derrota en las PASO no van a engañar a los argentinos. El pueblo sabe que el Gobierno lo ha abandonado.