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IRSA debe irse: Basta de negocio privado con lo público

Por CELESTE FIERRO / Precandidata a diputada nacional en la Ciudad de Buenos Aires por la lista (R) Evolucionemos la izquierda, dentro del Frente de Izquierda Unidad

Todo espacio es político. Y si hablamos de negocio privado en espacio público, es mucho más político aún. En efecto, el gobierno de Larreta presiona para que la Legislatura apruebe la rezonificación en favor del proyecto Costa Urbana, de IRSA, para levantar megatorres de lujo en la ex Ciudad Deportiva de Boca.

Costa Urbana, que pretende ocupar un humedal que se debería proteger como espacio público intangible, es el eslabón más reciente de una larga serie de proyectos orientados a reconfigurar el espacio urbano porteño al servicio del capital y la especulación inmobiliaria. Como si Buenos Aires fuera una Sociedad Anónima.

Esta orientación política al servicio del lucro inmobiliario implica privatizar cada vez más el patrimonio público de la Ciudad. Desde 2007 a 2020, Macri primero y Larreta después privatizaron unas 500 hectáreas de tierras públicas porteñas. A la vez, en la Legislatura funcionó un verdadero pacto Pro-K, de canje de leyes por cargos, que facilitó ese avance privatista.

Por ejemplo, en 2015 ambos bloques aprobaron regalarle 18 inmuebles públicos a la Iglesia. También votaron rezonificar los predios ferroviarios de Palermo, en donde IRSA construyó el shopping Distrito Arcos, y los de la Estación Buenos Aires, en Parque Patricios, para viviendas del Plan Procrear, cuyos créditos los maneja el privatizado Banco Hipotecario, cuyo presidente -oh, casualidad- es el dueño de IRSA.

Como vemos, un gran beneficiario de esta entrega es IRSA, la corporación de Eduardo Elsztain, el multimillonario señor de los ladrillos. Aparte de presidir el Hipotecario y vicepresidir el Congreso Judío Mundial, también es dueño de 9 edificios de oficinas premium, 15 shoppings, 3 hoteles, las agropecuarias Cresud y BrasilAgro, varias empresas mineras y negocios en Israel y Estados Unidos.

La especulación inmobiliaria tiene un doble impacto negativo sobre la vida de las mayorías: 1) En vez de ampliar los espacios verdes públicos, transforma playones ferroviarios y predios fiscales en shoppings y complejos de torres. Esta cementación aumenta la densidad poblacional y satura aún más los servicios públicos. 2) A la vez encarece el valor del m2, lo que dificulta el acceso a la vivienda propia y eleva el precio de los alquileres. Hoy alquilar un dos ambientes en CABA cuesta más de $ 40.000, una locura.

Pero la ofensiva privatista genera resistencia. Por ahora, el proyecto larretista de privatizar Costa Salguero y Punta Carrasco está frenado. Y ante el proyecto Costa Urbana, el Observatorio del Derecho a la Ciudad presentó un amparo que suspendió la aprobación. A su vez la red Tierras Ferroviarias Verdes presentó el proyecto de ley “costa verde y pública”, opuesto al de IRSA.

Vamos por otro modelo de Ciudad. De recuperar las tierras públicas privatizadas, derogar los convenios con grupos como IRSA, poner fin a la especulación inmobiliaria y avanzar hacia una ciudad ecológica y socialmente justa, que garantice el acceso a la vivienda, los espacios verdes y los servicios públicos.