Hay razones que impiden aprobar una práctica que interrumpe la vida de personas humanas

CARMEN POLLEDO Diputada Nacional por Juntos por el Cambio /

En 2018 fuimos testigos del debate en la Cámara de Diputados sobre la interrupción voluntaria del embarazo que concluyó con el rechazo de la iniciativa por parte del Senado. Sabemos que este debate enfrenta posiciones políticas, ideológicas, filosóficas y religiosas diversas. Más allá de mis convicciones personales, considero que existen razones de índole constitucional que nos impiden legalizar una práctica consistente en interrumpir la vida de personas humanas.

Nuestra Constitución Nacional, en el artículo 75 inciso 23, y el Código Civil y Comercial de la Nación reconocen que la “existencia de la persona humana comienza con la concepción”. La reforma de dicho Código en 2015 mantuvo esta posición, guardando coherencia con nuestro marco normativo.

En la apertura de sesiones del Congreso, el Presidente de la Nación anunció el envío de un proyecto de ley, que promete tener trámite exprés, para legalizar el aborto, justificándolo en que la legislación vigente no ha sido efectiva para evitarlo, pero yendo mucho más allá, fundándolo en el derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo. El embrión no es un órgano de la madre, tiene ADN propio.

Coincidimos en que la penalización de la mujer no es la respuesta adecuada desde el Estado. Pero tampoco lo es la legalización de una práctica que está en abierta contradicción con la vida, conforme lo entiende nuestro ordenamiento jurídico. Como sociedad, debemos asumir el compromiso de defender lo más profundo y lo más valioso que tenemos: el derecho a la vida.

No nos engañemos, el aborto es una tragedia, cualquiera sea su motivo. Las mujeres que deciden abortar enfrentan situaciones difíciles y en ocasiones dramáticas, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad. Nadie puede manifestar que el aborto es una práctica que no tiene consecuencias, tiene implicancias físicas y psíquicas que afectarán la vida de las mujeres.

Sea cual fuere la situación, no debemos olvidar que estamos frente a la pérdida de una vida que ocurre, generalmente, sin acompañamiento ni contención. El dolor es personal y la decisión irreversible.

Las mujeres entendemos más que nadie que se trata de una decisión desesperada. Por eso la propuesta es seguir trabajando por la vida y por las mujeres en el camino que ya estamos recorriendo con el Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA) y el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ESI). Estos planes son herramientas fundamentales para construir una sociedad que respete los derechos humanos y el valor fundamental de la vida.


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