Respuesta a la columna de Hernán Lombardi

Por GONZALO RUANOVA / Subsecretario Técnico de la Nación

El domingo 1, Hernán Lombardi publicó una nota de opinión en el diario Perfil en la que se refirió a las supuestas “falacias” a las que recurría el discurso público del Gobierno a la hora de afrontar las medidas para combatir las durísimas consecuencias de la pandemia del nuevo COVID-19. Las afirmaciones que sostuvo Lombardi obligan a intentar echar luz sobre las mismas y a centrarnos en ellas, sin por eso dejar de señalar que sería deseable por lo pronto un poco de responsabilidad y algo más de cautela en su participación en el debate público porque se trata, nada menos, que de un alto funcionario de las dos gestiones más catastróficas en la historia de la economía argentina: fue secretario de Turismo, Cultura y Deportes del gobierno de la Alianza de Fernando de La Rúa, y titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos de la gestión de Mauricio Macri.

Lombardi comienza su nota explicando que para él “una falacia es una argumentación aparente que se utiliza para defender algo falso, exponiendo premisas falsas como verdaderas”. Y esto es un error enorme. Porque las falacias no se utilizan para defender algo falso para presentarlo como verdadero. La falacia es un argumento que parece válido pero no lo es. No tiene que ver con la realidad de las cosas, sino con la forma del razonamiento lógico. Precisamente por eso se trata de una herramienta retórica, que se utiliza para convencer al otro de lo que uno dice que “tiene lógica” o que “tiene sentido”. Esto es importante no porque nos interese difundir contenidos básicos de lógica, sino por la intencionalidad política con que Lombardi (ingeniero egresado de la UBA y conocedor, entonces, de esta diferencia) lo presenta de esta forma. Lo que pretende es establecer que el Gobierno miente y que él va a decirnos la verdad.

Querido Hernán: la lógica, la disciplina que trata las falacias, no se ocupa de eso y vos los sabes muy bien.
 
Dejando de lado el intencional error de Lombardi comienza a discutir contra las “falacias” que pretende denunciar. Pero aquí reside el segundo problema de su argumentación: ninguna de ellas, en realidad, tienen asidero en el discurso oficial. Lombardi enfrenta cosas que ningún funcionario con responsabilidades en el Gobierno dice. En realidad aquí sí encontramos una falacia muy típica: la del hombre de paja. Uno construye un adversario a su medida y le atribuye un discurso y unas características ideales para enfrentarlo fácilmente. De todas maneras, lo más importante en su nota no son los giros retóricos que utiliza para confundir al lector, sino los argumentos que plantea defender. Veamos.
 
En principio, Lombardi sostiene que el Gobierno plantea una dicotomía entre salud y economía, ignorando supuestamente otras variables. Nada más lejos de esto. Ese es en realidad el discurso que el propio ex funcionario de la Alianza y de Cambiemos, como otros de sus ex compañeros de ruta, construye sobre eso: cuarentenas cortas dañan poco a la economía, cuarentenas largas la perjudican.

Lo que dañó y daña a nuestra economía -los peores números de pobreza y endeudamiento, del 2001 a la fecha, los registra la gestión de Macri- y a la de todo el mundo es el efecto de la pandemia, no de las medidas que tomamos para defendernos de las consecuencias del COVID-19. En realidad, lo que distingue a las cuarentenas a nivel global no es el tiempo de duración, si no el momento en el que se tomaron. Los países que adoptamos cuarentenas preventivas tenían por objeto evitar la propagación del número de casos y la saturación de los sistemas de salud. Por el contrario, los países que adoptaron cuarentenas de emergencia, cuando la circulación social y la propagación del virus ya eran muy altas, lo hicieron como un paleativo a un problema que ya era demasiado grande.

En ese sentido, los números económicos, al revés de lo que intente sostener Lombardi, hablan por sí solos: los países que peores estimaciones presentan son precisamente los que tardaron en tomar medidas drásticas para evitar la propagación del virus, no los que decidimos afrontar el problema desde el día uno.

Si medimos la cantidad de fallecidos, el porcentaje por millón de habitantes y las estimaciones económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI) en términos de caída del PBI nos encontramos con lo siguiente: Gran Bretaña presenta 549,2 fallecidos por millón de habitantes y una estimación de caída del PBI de 9,1%, Estados Unidos registra 306,1 fallecidos por millón de habitantes y una estimación de baja del PBI de 5,9%, España 615,6 fallecidos por millón de habitantes y una caída del PBI de 8,0% y Alemania 102,7 fallecidos por millón de habitantes y una estimación de baja del PBI de 7,0%. Por el contrario, la Argentina reporta 11,2 fallecidos por millón de habitantes y una proyección de caída del PBI de 5,1%.

Los números no mienten, y es claro que la caída de la economía se ve acrecentada en la medida en que los efectos de la pandemia son mayores. El coronavirus es la causa de la crisis económica que atraviesa el mundo y no la consecuencia: por lo tanto, las medidas de aislamiento son necesarias en cualquier caso y mientras más preventivas y mejor diseñadas estén, más exitosas serán, tanto para la salud como para la economía.

Dos casos pueden servirnos como ejemplo. Chile intentó una salida acelerada o precoz de las medidas de aislamiento en el Gran Santiago, el área de mayor densidad poblacional, y fue un fracaso. Tuvieron que retroceder en la apertura, retrotraer el confinamiento al máximo y lamentar miles de contagios y muertos adicionales. Sin duda eso impactará negativamente en su economía.

El otro caso contundente es Suecia, que fue tomado como ejemplo por el presidente Alberto Fernández. Suecia adoptó una estrategia de restricciones muy bajas impulsadas por la Agencia de Salud Pública (FHM). Su titular, el epidemiólogo jefe Anders Tegnell, admitió públicamente que sus restricciones fueron insuficientes y que, por eso, tuvieron que lamentar demasiados fallecimientos. Si se compara con sus vecinos escandinavos los números son lapidarios: en Suecia hubo más de 4400 muertos, que representan 443 fallecidos por millón de habitantes, casi el 80% de todas las víctimas mortales en los países nórdicos pese a que cuenta con sólo el 37,5% de su población.
 
En la Argentina, la estrategia adoptada por el Gobierno, y consensuada con las provincias y los municipios, fue muy distinta: una ofensiva cuarentena preventiva que nos permitió adoptar políticas públicas eficaces para multiplicar la capacidad y los recursos de nuestro sistema de salud, mientras evitamos la circulación del virus hacia adentro de nuestras fronteras. De esta manera, en el país las medidas de aislamiento se adaptaron y flexibilizaron de acuerdo a las situaciones y realidades particulares de cada distrito. No es lo mismo Salta que Chaco, o Río Negro que Córdoba. El principal foco está en el AMBA: el Gran Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires son el epicentro y el principal desafío sanitario, social y económico de la crisis.

Está claro que el camino que debemos transitar es el que elegimos desde el primer día: diálogo y coordinación entre los gobiernos nacional, provinciales y municipales para adoptar políticas comunes que, mas allá de las diferencias partidarias y de la famosa “grieta”, nos permitan cuidar la salud de todos  y todas los argentinos y las argentinas, a la vez que se avanza en medidas sin precedentes para sostener el empleo, la producción y los ingresos de las familias.


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