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¿Existe el derecho a no vacunarse?

Por PABLO TONELLI / Diputado Nacional por Juntos por el Cambio

El reciente episodio protagonizado por el tenista Novak Djokovic en Australia ha reavivado el debate acerca de si existe, o no, un derecho a no vacunarse contra el Covid-19. La trascendencia de la pregunta y de sus consecuencias, justifica una breve reflexión. La respuesta, como siempre que de derechos se trata, la encontramos en nuestra Constitución Nacional, cuyo artículo 19 prescribe que “las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados”.

La decisión de vacunarse, o no, bien puede ser considerada una “acción privada” que, precisamente por ese carácter, quede reservada a la conciencia de cada individuo. Pero a condición, como reza la norma constitucional, de que la decisión no ofenda al orden y a la moral pública, ni perjudique a un tercero.

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Esta última condición, en particular, me lleva a sostener que quien decide no vacunarse, cosa perfectamente lícita, no debe ni puede poner en riesgo a terceros, lo tiene prohibido. Por ende, no debería ir al supermercado, a la oficina, al cine o a un bar; o sea, no debería tener contacto con terceros.

Porque es evidente que pondría en riesgo a las demás personas presentes en esos lugares. Quien se vacuna no solo se protege a sí mismo sino que, también y además, protege a los terceros, porque impide la circulación y propagación del virus.

Por el contrario, quien no se vacuna pone en peligro a los terceros a quienes podría contagiar por no estar inmunizado y porque facilita la diseminación de la enfermedad.La evidencia mundial muestra que la vacuna es, al menos hasta ahora, la única arma eficaz para controlar y, tal vez, erradicar al Covid 19. Por ello es también evidente que quien no se vacuna no colabora ni ayuda en la lucha contra la pandemia y puede poner en riesgo a otras personas con las que entre en contacto. Y esto no es admisible, porque no lo es perjudicar a terceros a sabiendas.

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Por eso está bien y es razonable que las autoridades exijan el llamado “pase sanitario” para acceder a lugares de concentración de personas. Y quien no se vacuna, atenta contra el orden establecido por las autoridades. En conclusión y según mi punto de vista, es perfectamente lícito, en ejercicio de la autonomía de la voluntad, de la libertad individual, no vacunarse.

Pero quien libremente opte por no vacunarse no debe entrar en contacto con otras personas, porque las pondría en riesgo y eso es algo que está prohibido. En otras palabras, quien opte por no vacunarse, debe pensar en el prójimo y quedarse en casa.