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Es necesario superar el Plan VV (“vamos viendo”)

Por MARTÍN REDRADO / Economista

Día tras día, Argentina enfrenta crecientes dificultades económicas y sociales. Los problemas se acumulan y las soluciones no llegan. Hasta aquí y producto de una situación epidemiológica sin precedentes, se ha sostenido una visión de “patear” hacia adelante los problemas, sin un planteo abarcativo con capacidad de brindar un horizonte de inclusión a todos los Argentinos.

De esta forma, se delinea el plan “VV”, es decir “vamos viendo” hasta llegar a las elecciones. Así, los resultados son frustrantes: más inflación, menos crecimiento, menos empleo y por sobre todas las cosas, una sociedad más desigual.

Pretender seguir con más de lo mismo, no puede sino marcar un rumbo de continua decadencia. O peor aún, frente a esta anemia, la implementación de enfoques económicos ya utilizados en el pasado puede llevarnos a situaciones aún más complejas.

A diferencia de otras oportunidades, ya no están presentes ni los u$s 50.000 millones en el Banco Central, ni los u$s 22.000 millones en ANSES que detentábamos en 2010, ni los u$s 100.000 millones de crédito internacional que tuvo Argentina en el período 2015-2019.

En primer lugar, estamos en presencia de crecientes tensiones sociales. Una tercera parte de los trabajadores presenta ingresos por debajo de la línea de pobreza (10 puntos más respecto a cinco años atrás). Uno de cada dos trabajadores cuentapropistas se encuentra en esta situación. Por otra parte, mientras en 2017 con un salario promedio del sector privado registrado, se podían adquirir trece canastas básicas, ahora sólo se compran diez.

En segundo término, se destaca la problemática inflacionaria, con una enorme distorsión de precios, que implica un menor registro hoy, pero presiones hacia el futuro. Por sólo mencionar algunos ejemplos de la disparidad de los incrementos, el precio de los vehículos muestra un alza del 85,8% interanual, la de frutas del 56,7% y la electricidad y gas del 8%.

A esto debe añadirse una deliberada política cambiaria. La situación actual sólo fue posible gracias a la soja en máximos de los últimos ocho años y una intervención sostenida en el mercado de bonos por parte de las autoridades para contener la brecha entre el dólar mayorista y el financiero (ya se usaron 900 millones de dólares en estos meses).

Con mi equipo de Fundación Capital miramos la coyuntura cambiaria en dos etapas distintas hasta las elecciones. Una primera en línea con la mayor liquidación de los dólares del agro (mar-jul u$s 15.700 millones), que ya llega a su fin, y una segunda donde merma el ingreso de divisas, se incrementa la dolarización de carteras y se concentran los vencimientos de deuda en pesos.

Más preocupante aún es que en este segundo tiempo, la tensión puede incrementarse, con precios de commodities que prueban su piso y una demanda de pesos que se sostiene de un hilo muy delgado. Aún en el momento de máxima liquidación, la brecha cambiaria tocó un piso del 59% y hoy se ubica en el 71%.

Esto ya marca un rumbo. No obstante, la autoridad monetaria tiene margen tanto en bonos como en la posición de futuros para “surfear la ola” hasta las elecciones.

Mirando más allá, la evolución de las reservas netas del Banco Central si bien muestran un desempeño positivo en las últimas semanas, nuestra proyección marca una situación de creciente tensión hacia delante. En efecto, si bien se incrementaron hasta superar los u$s 7.000 millones, cuando se comparan con la deuda de la entidad monetaria (base monetaria, letras de liquidez, leliq, y pases suman unos u$s 65.000 millones al tipo de cambio oficial) o frente a los vencimientos de capital que deben abonarse al FMI el próximo año (más de u$s 18.000 millones) ponen de manifiesto su preocupante escasez.

A estas inconsistencias debe sumarse la brecha de financiamiento. En efecto, cómo se cubrirá el rojo fiscal será otro desafío importante. El Tesoro obtuvo un porcentaje de renovación de la deuda pública en pesos en torno al 116% en enero-mayo, menor al 129% que se precisa para evitar una mayor emisión monetaria a la prevista en el presupuesto ($ 1,2 billones para todo el año). Aún más, destaca la importante concentración en títulos ajustados por inflación, un 74% del stock de la deuda en moneda local, así como los abultados vencimientos del trimestre julio-septiembre por más de un billón de pesos. De sostenerse la renovación de la deuda en pesos del orden de lo observado hasta mayo, faltarían $243.000 millones a ser financiados para no superar la asistencia del BCRA al Tesoro presupuestada para 2021.

En definitiva, este año se consolidan las distorsiones, pero esta vez las vacías cajas en dólares no permiten seguir con más de lo mismo. La pandemia y los precios de los commodities son factores exógenos, pero no pueden ser la excusa para no encarar un enfoque superador como el que demanda la actual acumulación de inconsistencias. Ya no quedan pues cajas en dólares que permitan sostener en el tiempo la falta de un horizonte para el consumo, la inversión y las exportaciones.

El mundo pos-pandemia nos brinda una oportunidad única. Si la sabemos aprovechar con una hoja de ruta sustentada por leyes que le den el marco político adecuado, junto a equipos técnicos que encaren un camino superador, tendremos capacidad de generar un país más justo para todos.