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El nuevo nombre de la utopía se llama cooperación

Por GUSTAVO BÉLIZ / Presidente del Consejo Económico y Social

Hace poco más de 100 días se puso en marcha una experiencia inédita en la Argentina, el Consejo Económico y Social, integrado por expresiones del mundo del trabajo y los movimientos sociales, la producción, la sociedad civil, la ciencia y tecnología y la academia.

Diversidad de saberes, experiencias de vida, procedencias sociales y geográficas, convocadas para construir con hechos la cultura del encuentro, aún en medio de un panorama político y partidario caracterizado muchas veces por la crispación y la agresión.

La agenda que se ha abierto resulta promisoria, tanto por el respeto de las deliberaciones, la dimensión local y global de los debates, como así también por el contenido de los temas abordados. No nos proponemos dar discusiones teóricas abstractas ni inconducentes, ni mucho menos plantear horizontes inalcanzables de tan lejanos o inciertos.

Aspiramos a construir una dinámica de planificación adaptada a escenarios de incertidumbre. Convocamos a foros abiertos globales, promovemos la identificación de buenas prácticas que demuestren que es posible la transformación, y por supuesto planteamos la escalabilidad de políticas de Estado que le den un marco de previsibilidad y financiamiento a las prioridades identificadas.

Como lo indica una de las asesoras internacionales del Consejo Económico y Social, la economista Mariana Mazzucato, se trata de trabajar por misiones, alineando procesos de inteligencia colectiva.

A lo largo de estas semanas desde el Consejo se han debatido, impulsado y aprobado acciones edificantes:

-Se apoyó el acuerdo de plan estratégico de contenidos audiovisuales argentinos, alcanzado por las empresas y los trabajadores del sector, para fomentar las exportaciones y generación de trabajo desde la cultura

-Se puso en marcha con la participación pública y privada, y legisladores del oficialismo y la oposición, la discusión rumbo a la redacción de una Estrategia Nacional del Hidrógeno, como elemento central para el cambio de nuestra matriz energética.

-Se lanzó junto al Instituto Balseiro, gobernadores y trabajadores docentes, un concurso nacional de incorporación de innovaciones tecnológicas a los procesos educativos, como paso previo para multiplicar estos modelos a mayor dimensión.

-Se convocó a 50 personalidades de las más diversas procedencias políticas y sociales para proponer ideas rectoras que vinculen la educación y los trabajos del futuro, para la identificación de buenas prácticas nacionales que puedan ser escalables en el marco de un crédito a ser otorgado por el Banco Mundial.

En el mismo espíritu anterior, y con máxima pluralidad política y social, se convocó a la presentación de proyectos que promuevan el arraigo y desarrollo local, para apoyar su escalamiento a través de un programa de Fonplata.

-Se consensuaron lineamientos acerca de la nueva arquitectura financiera internacional y las próximas negociaciones externas de la Argentina, a partir del aporte de los asesores externos del Consejo, Jeffrey Sachs, Alicia Bárcena y Rebeca Grynspan.

-Se está en proceso de redacción de un proyecto de Código de Ética Judicial; de la conformación de una unidad modelo que promueva las ciencias del comportamiento para la mejor producción de políticas públicas; y de la consolidación de una plataforma internacional sobre producción e investigación de vacunas contra el Covid.

-Junto a la CEPAL y el sector productivo, se está diseñando una estrategia exportadora, que incluya la gran diagonal de nuestra matriz argentina: el sector primario, la industria y los servicios basados en conocimiento, trípode entrelazado en la economía 4.0.

-Se relanzará en breve el cuerpo de administradores gubernamentales, que alguna vez promovió y soñó Raúl Alfonsín, como unidad modelo de profesionalización en el Estado.

-Se construye junto a trabajadores y empresarios y funcionarios nacionales y provinciales una matriz de proyectos estratégicos de infraestructura, a ser luego financiados en sus instancias de pre-factibilidad.

Todo lo anterior es posible impulsarlo en un marco de respeto y responsabilidad, donde no prima la “cultura del descarte” de quien piensa distinto, sino la “cultura del encuentro” para darle vida colectiva a semillas de políticas de Estado para el bien común. El nuevo nombre de la utopía se llama cooperación.