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Cómo podemos mejorar el ecosistema digital navegando libremente

Por AGUSTÍN FRIZZERA / Director Ejecutivo de “Democracia en Red”

Internet está presente como nunca en nuestra vida cotidiana. Esta tendencia, creciente y sostenida durante la última década, se volvió exponencial en el contexto pandémico. En 2020, la “vida online” se hizo forzosa y absorbió actividades que nunca imaginamos. Desde reuniones familiares hasta los eventos más insólitos, pasaron a través de la red.

Según indican numerosos estudios de sociedad y cultura, las redes sociales son una de nuestras principales fuentes de información y, cada vez más, un espacio donde nos relacionamos con otras personas, estudiamos, compramos, trabajamos, hacemos amigos y nos entretenemos. No usamos las redes sociales, estamos en ellas.

Las redes sociales nos llegaron sin manual de instrucciones. Se nos presentan como herramientas intuitivas y espontáneas, pero no son neutras. Por el contrario, moldean nuestros comportamientos, nuestra percepción del mundo y nuestra capacidad de reflexionar. Su lógica desborda lo digital y empieza a afectar la “vida física”. Por eso, se ha vuelto tan importante entender cómo funcionan estas herramientas y cómo influyen en nosotros y nosotras.

En este marco, han ido creciendo iniciativas centradas en desarrollar en las y los jóvenes capacidad de reflexión crítica en relación a la información y los mensajes que circulan en Internet. Sin embargo, el enfoque que sólo aborda lo virtual es necesario pero no suficiente.

El ecosistema digital plantea dinámicas propias, pero creemos que se vuelve cada vez más importante desarrollar capacidades que nos permitan interactuar -con y en el ámbito digital- desde un abordaje integral y reflexivo. Así, creemos pertinente identificar los sesgos -filtros- que interfieren en nuestra capacidad de discernir y de guiarnos por valores como el respeto y convivencia, tanto dentro como fuera de Internet.

Las redes no crean la polarización, pero sí la refuerzan, le dan un campo de acción cotidiano. Para desactivar los mecanismos polarizantes, consideramos prioritario reconocer en qué medida nuestras emociones, creencias y valores nos hacen, involuntariamente, colaborar con el ruido, los comportamientos agresivos y la difusión de información falsa en internet. Estos fenómenos, entre otros, están erosionando nuestra convivencia.

La escuela no puede estar ausente de este cambio de paradigma. Por eso, lanzamos el proyecto “Corazones y Mentes” (corazonesymentes.org): para generar reflexiones en los y las jóvenes sobre los usos de internet; y para ofrecer a docentes nuevos conceptos y ejercicios que fomenten este abordaje en el ámbito escolar.

Queremos acercar y revalorizar habilidades que nos permitan vincularnos de manera constructiva, a pesar de las diferencias, para re-construir un espacio virtual en el que nos sintamos libres, donde podamos volver a compartir ideas y conocimientos que nos ayuden a vivir mejor.

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