Calladitos se ven más bonitos

Por MAGDALENA ORDOÑEZ / Periodista

En este país nos enseñaron que es mejor mantenerse al margen, no comprometerse, obedecer y seguir adelante con la cabeza baja. Nos metieron esa actitud en la sangre argentina a fuerza de terrorismo, de amenazas, de miedo. Hasta llegar a controlar cada uno de nuestros movimientos, poniendo en contra a hermanos, padres, hijos y amigos. Hoy nos convertimos en esa mujer golpeada, que sabe del mal recibido, pero elige no apartarse. Mientras este Estado, que dice ser paternalista, nos toma de la mano y nos lleva por los caminos que él quiere.

Que nos va a ayudar para que no quiebren nuestras empresas. Pero los préstamos se terminan convirtiendo en una compra de acciones para que lo que construimos con el esfuerzo de nuestras vidas, ahora les pertenezca.

Que es una cuestión sanitaria. Mientras son los mismos médicos los que se ponen en contra de sus medidas.

Que es por nuestro bien. A la vez que liberan presos y llenan las calles de delincuentes. Incluida la vicepresidente, ya sin causas en la Oficina de Anticorrupción argentina.

El pueblo concentrado en no contagiarse y en cuidar a sus personas en situación de riesgo, mientras el Estado sigue abusando de su poder. Nos prohíben trabajar, no nos dejan rendir culto a nuestra fe (sea la religión que sea), nos separan de nuestras familias y amigos, nos destruyen psicológica y anímicamente. Y cuando todo esto termine, si termina, tendremos que afrontar una crisis económica monstruosa. ¿Con qué fuerza? No nos quedará otra alternativa que rogar por ayuda al Estado quien, una vez más, se posiciona en ese lugar de poder omnipotente. En definitiva, que nos sigan diciendo que es una cuestión sanitaria. Pero nosotros, el pueblo, sabremos que se trata de política, de justicia, de derechos humanos básicos. No sigamos callados. Por una vez, unamos esa brecha en pos de lo que nos corresponde como ciudadanos.

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