¿Amor al dólar o pánico al peso?

Por HÉCTOR COSTA / Abogado

La República Argentina con el paso del tiempo se ha visto destacada por dar cuenta de una suerte de afición al dólar, o lo que es lo mismo, desafición a sus monedas locales. Es casi una recurrencia anual, histórica: evolutiva. No denota confianza alguna en peso, casi que le huye. Las razones detrás de este comportamiento.

En primera, la variable inflación es primordialmente responsable. Valdrá la pena destacar que entre enero de 2016 y junio de 2018 la inflación en Argentina acumuló cerca de 103 por ciento. Así las cuestiones, tomando como patrón de relevancia y sustento al período citado en dos años y medio acumula un alza de 122,7%, desde los $13,28 del 30 de diciembre de 2015.

Otro aspecto en lista: la escasez de oferta: con un dólar que se dispara desaparecen los vendedores o aquellos que venden solo aceptan precios en alza. Apenas la oferta de la banca pública modera la suba en períodos de incertidumbre. De ello, destaca un criterio que denota que entre las economías emergentes, la moneda argentina es aquella que mayormente se ha devaluado.

Seguidamente, las devaluaciones emergentes. La apreciación global del dólar, si bien golpea a las divisas en todo el mundo, enfatizaría respecto las emergentes como el peso argentino. Si se toma como referencia a un vecino, caso Brasil, la devaluación de la moneda del principal socio comercial de la Argentina también afecta a la cotización de nuestra moneda.

En cuarta instancia, la aversión al peso, puesto que toda la inmensa mayoría de los argentinos tiene la tendencia especialmente de ahorrar en dólares, por la mínima confianza depositada en la moneda. Frente a una inflación que también está en ascenso, el dólar en varios meses, se impuso como inversión ganadora y un refugio ante eventualidades futuras.

Enfatizando en el concepto ‘cepo’, renombrado últimamente: el mismo da cuenta de negatividad, pues si bien la prioridad redunda en cuidar las reservas con el uso del mismo se evitará comprar dólares, lo que le daría respiro consideradamente hablando al Banco Central. Asimismo, no es bueno. En primer término, puesto que el mismo implicará que si los dólares no pueden salir, menos podrán entrar para estos casos. Seguidamente, el cepo implicará un precio máximo al dólar: trayendo así del mismo aspecto el verdadero precio del dólar una cercanía mayor al contado con liquidación respecto oficial.

Si Argentina no busca encararse hacia las reformas estructurales para generar confianza, con base en que la economía vuelva a crecer y lograr tener un mercado cambiario nacional, tomándose medidas para el caso a largo plazo y que no redunden en simplemente accionar en tanto parche, la situación se torna compleja. En ese caso, si la línea que se va a seguir es esta, para el caso, es factible devenir en un desdoblamiento del tipo de cambio en lugar de un cepo. Si bien las personas tienen la libertad de comprar dólares, a un precio más alto, pero siguen con la libertad de poder cubrirse de una moneda (el peso) que lo único que sabe hacer es perder valor. Es así que, en definitiva, lo que el cepo busca no es que no se demanden dólares, sino obligarnos a usar pesos. Así, se genera un nivel de concientización orientado a enfatizar la presencia del dólar y desalentar la prevalencia, si se quiere, del peso como fuente respaldatoria del esfuerzo de las personas.

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