Lunes, 10 de Julio de 2017

¿Se necesita gradualismo en la política cambiaria?

Por: MARTíN REDRADO

La economía argentina se encuentra en un período de transición hacia un sendero de equilibrio de largo plazo. En efecto, las variables fiscales, monetarias, financieras y externas necesitan tiempo y buenas políticas públicas para alcanzar este objetivo.

 

En todos los aspectos, el gobierno ha elegido un enfoque gradualista para resolver esta problemática, salvo en el terreno cambiario. La realidad de los últimos días fue un claro ejemplo de esta disonancia: el tipo de cambio pegó un salto de 5,2%, más abrupto que la suba en los seis meses precedentes.

 

El Banco Central ha hecho hincapié en destacar su enfoque de política cambiaria en términos de una flotación libre, por lo que decidió no intervenir en el mercado de cambios cuando el dólar registró un marcado cambio de tendencia. Sin embargo, cuando la divisa cruzó la barrera de $ 17,50 el jueves pasado en las primeras horas, los bancos públicos irrumpieron en el mercado. Frente a esta señal, apareció la oferta privada con liquidaciones, haciendo "seguidismo" de este comportamiento, lo que hizo que su valor se redujera algunos centavos. Esto demuestra a las claras que todavía en esta materia el sector privado no marca tendencias, sino que espera señales específicas para actuar en consecuencia.

 

Para una economía que presenta aún serias limitaciones, es recomendable que tanto en materia monetaria como fiscal, se lleve adelante una política anticíclica.

 

En criollo, "acumular en época de vacas gordas para gastar en épocas de vacas flacas". En particular, en materia cambiaria, significa un Banco Central que trabaje como "amortiguador" de tendencias, esto es acotando los picos y los valles en la cotización del dólar. Esto no significa ir "contra la corriente", sino sólo suavizar tendencias. La flotación libre será el escenario más deseable cuando nuestra economía haya dejado atrás este estado de transición. Más aún, cuando nuestro acervo cultural deje de mirar al dólar como referencia y el "pass through" a precios sea mucho más acotado. Con un enfoque transparente de "flotación administrada", es decir, sin restricciones en el mercado cambiario, la autoridad monetaria puede comprar divisas baratas en momentos de exceso de oferta y luego venderlas a mejor precio, acotando la volatilidad y evitando alteración de las expectativas.

 

Más aún, debe tomarse en cuenta que la política monetaria en los países desarrollados ha comenzado a cambiar. En particular, la Reserva Federal de los Estados Unidos inició un proceso de incremento en su tasa de referencia. Todavía queda una amplia liquidez mundial producto de la expansión generada en la crisis financiera de 2008-09. La oferta potencial de divisas aún está presente, pero hay que prepararse para una nueva etapa.

 

A partir de septiembre es muy probable que la autoridad monetaria norteamericana comience a contraer su hoja de balance, al no renovar una parte significativa de los vencimientos de su tenencia de títulos, junto a una continuada y gradual suba de tasas de interés. Por este cambio en el contexto global, y dadas las restricciones internas, se necesita una autoridad monetaria que utilice su poder de fuego para poder sortear los numerosos obstáculos que tendrá que enfrentar en un mundo cada vez más volátil.

 

MARTÍN REDRADO   Ex Presidente del Banco Central

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