Sábado, 6 de Enero de 2018

Pibe, una revelación te espera

Por: ARNALDO PAGANETTI

Dicen que los Reyes Magos no existen. Que sobrevuelan en la imaginación de los chicos hasta un punto que alguien o algo les advierte que son un producto más de cuentos ancestrales, con los cuales los humanos suelen mitigar sus angustias existenciales y aferrarse a fantasías placenteras.Un escape más!…y van…

 

¿Será ese momento de desilusión un articulador de nuevas experiencias?¿El puntapié para empezar a ensuciarse las manos y la mente con la realidad? En la vida nos vamos pavoneando, cometiendo tropelías (¿el instalado bullying que ha tantos mortifica hoy no es el paso previo a la discriminación?) y nos salimos del camino recto (¿lo hay, o se hace al andar, como dice el poeta?).

 

“No te preocupes, es un chico con cualidades ocultas. Ya se despertará. Hará un click y dará un vuelco en su comportamiento”, escuché decir a un mayor sobre un adolescente rebelde sin causa (como James Dean), que se juntaba con los muchachos de “la barra brava” de un club de fútbol del ascenso. Más de una vez terminaba en una comisaría, golpeado después de haber magullado él a otros. Y no le hacía “asco” a la bebida alcohólica.

 

Esperar ese momento transformador, el paso de un estadio a otro, de la virulencia a la actividad creadora que sacara a flote los buenos sentimientos que creía que anidaban en él, fue algo que me desveló. Por supuesto, tiene que haber buena levadura para sobreponerse y emerger indemne del pantano.

 

¿Cuándo se produce ese efecto mágico que nos marca el rumbo para siempre? ¿Siempre? Es una palabra impropiamente definitiva para los que suelen vacilar y dudar de las sentencias más repetidas por sus progenitores ¿O ustedes no escucharon manifestar en sus casas: “antes ocurrían y se veían barbaridades, pero como ahora nunca”?

 

Pasaron unos años, y ya rendido ante las circunstancias del rutinario tránsito, cuando otro joven, de 12 años, después de fracasar en su intento para ingresar a una escuela técnica de excelencia, me comentó sin ningún tipo de preámbulo: “Hay algo que me hizo click, ahora me voy a dedicar a leer y estudiar y convertirme en escritor”. Me impactó. No lo esperaba. Allí se me prendió una luz radiante.

 

Una cosa lleva a la otra. Leyendo la sección “Ideas” de un diario porteño, aludiendo al despertar de América Latina, a 40 años de la novela “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez, la escritora Claudia Piñeiro, señaló lo grande que fue su vibración y emoción cuando leyó el siguiente párrafo de esa obra monumental:

 

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".

 

Para Piñeiro el renacimiento con bríos de “Cien años de Soledad” (otro click, en definitiva), se podría dar si la adoptara “un booktuber, que les asegure a miles de seguidores que encontrarán en un solo libro (mejor escrito que los actuales) toda la saga familiar…que llegan al pueblo unos extraños gitanos a pregonar que ´dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa, ¡con una lupa gigante!”

 

En el mismo suplemento, vaya casualidad, al comentarse un nuevo libro deHaruki Murakami, apareció una reseña de un relato provocador en el que el ultramaratonista critica la ineficaz enseñanza del inglés y las tediosas clases de educación física. Murakami dispara contra todo el sistema educativo y afirma que busca convertir al alumno “en un rebaño de ovejas fácil de pastorear, objetivo que se replica en el sistema social japonés”.

 

Conclusión: “Que no se aplaste la imaginación de los niños que la tienen”.

 

Precisamente, esa moraleja va atada a otra reflexión de Murakami (que fue barman y tuvo muchas deudas antes de alcanzar su fama actual), cuando describió su propio despertar: una suerte de revelación, como la aparición de los Reyes Magos que, etéreos, impulsan a construir un mundo.

 

Le ocurrió durante un partido de béisbol. Y lo describió así: “En la segunda parte de la primera vuelta, cuando Sotokova, realizó el primer lanzamiento, Hilton, bateó con un bonito golpe efectuado hacia el ala izquierda y logró avanzar hasta la segunda base. El sonido limpio del bate resonó por todo el estadio y se oyeron unos pocos y dispersos aplausos por los alrededores. En aquel instante, sin antecedente ni fundamento alguno, pensé de pronto: ´Sí. Quizá también yo pudiera convertirme en novelista´. Todavía recuerdo con claridad lo que sentí en aquel momento. Fue como si algo descendiera despacio, revoloteando, del cielo y yo pudiese tomarlo limpiamente con ambas manos ¿Por qué razón fue a parar aquello por casualidad a las palmas de mis manos? No lo sé. No lo sabía entonces y sigo sin saberlo ahora. Pero, fuera cual fuese la razón, aquello, en definitiva, ocurrió. Quizá la palabra que mejor lo defina sea ´epifanía´.

 

“Y a raíz de aquello, mi vida cambió por completo. En el instante en que Hilton dio, como primer bateador, aquel hermoso y certero golpe. Después del partido, tomé el tren, fui a Shinjuku, y compré papel de escribir y una pluma estilográfica”.

 

ARNALDO PAGANETTI   Periodista

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