Martes, 2 de Octubre de 2018

Menchi, el imprescindible

Por: JOAQUíN PAGANETTI

El trabajo periodístico puede verse resignificado con la informática. Puede apreciarse desde otra óptica cuando se pasa de ser creador a ser un lector puro. Se lo puede recordar durante años, con contenidos para la historia y con contenidos de color. Pero nada queda. Nada vive. Nada sería lo que es en las redacciones, en las agencias, en los medios virtuales, si no fuera por quienes le dan la sangre, el pálpito y la emoción al trabajo. Más de una queja podemos ver en los momentos donde editores sacan y modifican palabras. ¿Qué seríamos sin esa incomodidad? ¿Felices? ¿Perfectos? ¿Quién quiere ser feliz si somos perfectos? El otro está para darle vida a nuestro asunto, sea cual sea. Mucha comodidad incomoda. Y eso es lo contrario a lo que algunos viejos periodistas del diario Clarín sentían cuando una silueta escondida retrataba en papel sus rostros y sus cuerpos, en plena redacción, para luego usarlos en sus dibujos. Se trata de Menchi Sábat, un maestro del arte reconocido internacionalmente. Sí, sus creaciones de poder -como llamo yo a todo aquello que parimos desde nuestro arte, nuestro interior, nuestra mente, nuestra mayor fortaleza y dolor-, cruzaban fronteras. Pero varios chistes, jodas y anécdotas están en el interior del diario. Un diario en el que “Sábat era el único imprescindible para el tercer piso”, según un ex Clarín que fue retratado en dos ocasiones por el dibujante. Un dibujo aún lo conserva. El otro se encuentra en un lugar desconocido para él, ya que la última vez que lo vio fue encima de su escritorio en la redacción.

 

Su calidad humana era algo indiscutible. Su originalidad también. No solo en sus creaciones, sino que también en su forma de transitar la vida cotidiana. En una comida del diario, con empresarios y políticos, hace 30 o 40 años atrás, más de uno quería intercambiar unas palabras con el imprescindible. Risas, risas y más risas se empezaron a escuchar cuando luego de unos minutos, un individuo que le hablaba a Menchi, se dio cuenta que éste se había quedado dormido sentado en la mesa. Una anécdota contada con cariño, sobre quien dibujaba a los malos junto a tigres y a los buenos con aureolas. A pesar de su “momento de locura” donde se escondía para dibujar a periodistas, su carácter intrépido se vio en sus dibujos en la dictadura militar.

 

¿Sos feliz Horacio? Le pregunté sin ninguna intención (como generalmente preguntamos los adolescentes) a un humano, dibujante, que me abrió sus puertas para charlar un poco. Es que parece tan difícil esa pregunta. A veces estamos allá arriba. Otras, en lo peor de lo peor. Pero recordando las palabras iniciales, ¿quién quiere ser feliz siendo perfecto? Seria aburrido. Y un poco más que eso. Un embole. Por eso lo inexplicable nos sigue acompañando, la ausencia sigue apareciendo y los otros, los queridos otros, se van yendo. Cada uno se va a su manera. Mientras, vivir es lo que nos queda.

 

JOAQUÍN PAGANETTI   Periodista

#246