Lunes, 27 de Mayo de 2019

Los dos modelos de justicia

Por: GERMáN GARAVANO

En octubre hay elecciones presidenciales y a nadie debería sorprender la afirmación de que hay dos modelos de país en juego. Las declaraciones recientes de referentes del Frente para la Victoria no hacen más que confirmarlo. Meses atrás, el intendente de San Antonio de Areco señaló que un eventual nuevo gobierno debía nombrar a jueces militantes en la Corte Suprema. Jueces que no siguieran la ley y que estuvieran comprometidos con el Poder Ejecutivo. Más acá en el tiempo, el escritor Mempo Giardinelli publicó una nota en la que pedía una nueva Constitución que eliminara al Poder Judicial.

 

Hay quienes afirman que estas son sólo voces radicalizadas, que no expresan la verdadera voluntad de los candidatos. No es así. No son hechos aislados, lo cierto es que en los gobiernos anteriores hubo esfuerzos por controlar al Poder Judicial o, directamente, eliminarlo. La única diferencia es que los funcionarios no declaraban sinceramente sus intenciones.

 

En primer lugar, durante la gestión anterior se decidió dejar vacantes en los juzgados. Esto implicaba mantener el uso indiscriminado de subrogancias. Los subrogantes eran nombrados a dedo por el Consejo de la Magistratura, donde tenía mayoría el poder de turno. Estos jueces no tenían estabilidad en sus cargos: los mismos que los habían nombrado podían removerlos sin mayores dificultades. El juez subrogante era la expresión máxima de la falta de independencia de la Justicia.

 

En segundo lugar, el anterior Gobierno promovió un ideal de Justicia Penal cuya facción más extrema buscaba su eliminación. Puso al principal referente de esa facción, Eugenio Zaffaroni, en la Corte Suprema. Hay que releer a Zaffaroni. En su libro En busca de las penas perdidas explica con claridad que al sistema penal hay que eliminarlo, pero que la ciudadanía se escandalizaría ante tal propuesta. Por lo tanto, su estrategia era terminar con la Justicia Penal sin que nadie se dé cuenta. La principal táctica consistía en elegir a jueces que redujeran las penas paulatinamente, hasta que la jurisprudencia deje a los delitos sin condenas efectivas. A escondidas de los votantes, esto sucedió durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.

 

Vistos estos antecedentes, las declaraciones del intendente y el escritor son una clara expresión de lo que ese espacio político quiere hacer con la Justicia y la democracia tal como la conocemos.

 

En la vereda de enfrente, Cambiemos se propone una democracia republicana efectiva, donde el Poder Judicial sea independiente. ¿Quiere esto decir que Cambiemos favorece el statu quo? Para nada, porque la defensa de la independencia de la Justicia no implica necesariamente decir que el Poder Judicial funciona bien.

 

Cambiemos tomó como propias las demandas de los argentinos de una Justicia mejor y más eficiente. Ningún Gobierno antes manifestó con tanta claridad la magnitud del desafío: cuando llegamos al Gobierno menos de uno de cada 100 delitos en la Argentina tenía condena efectiva.

 

El Gobierno nacional trabaja arduamente junto a representantes responsables de la oposición para revertir esta situación.Promovió leyes y políticas públicas que brindan a jueces y fiscales herramientas para investigar el crimen organizado. Logró aprobar un nuevo Código Procesal Penal Federal que apunta a acelerar las causas que hoy demoran años y que finalmente entrará en vigencia este año en Salta y Jujuy. Promovió la ley de flagrancia, para que eliminar la puerta giratoria en los juzgados. Presentó el primer proyecto de Ley para un nuevo Código Penal, hecho que no sucedía desde 1921. Este Código evita la trampa garantista al fijar penas mínimas para delitos graves.

 

Además, y aquí lo más importante, el Gobierno cambió la Ley de Subrogancias y designó a jueces efectivos. Hay que entender bien esto: el propio Gobierno trabajó para que los jueces fueran independientes. Cambiemos se dedicó a que hubiera jueces que fallaran en nombre de la ley y no del poder de turno. Y aceptó los fallos, aunque éstos lo perjudicaran.

 

Cambiemos también trabaja para que las víctimas tengan participación en los procesos judiciales. Las víctimas ya no se silencian, sino que se las contiene y se le dan herramientas para que accedan a la Justicia.

 

Estos cambios son profundos y de fondo. No son posturas unilaterales del Gobierno, sino que son propuestas que surgen del diálogo iniciado en Justicia 2020. Sus resultados no son inmediatos y es posible que pasen desapercibidos en el día a día. Pero son fundamentales para que en la Argentina haya una Justicia mejor y más moderna. Son las bases para construir una nación en la cual la corrupción y el narcotráfico tengan condena. Si mantenemos este rumbo, estas reformas tendrán continuidad y rendirán frutos. La decisión sobre el modelo de país y el rol de la Justicia en el futuro depende de los argentinos.

 

GERMÁN GARAVANO   Ministro de Justicia de la Nación

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