Las teteras: Sexo gratis en lugares públicos porteños

INVESTIGACIÓN (Por Malena Montes) Baños de reconocidos cafés, supermercados y hasta el cementerio de Chacarita son algunos de los lugares de encuentro donde prima el goce inmediato y anónimo.

Sábado, 6 de Enero de 2018 - 04:44 hs

Por Malena Montes @DraCasan

 

Un oficinista de microcentro sale a almorzar por Avenida de Mayo y decide hacerlo en el café Havanna ubicado en Avenida De Mayo y Florida. Después de almorzar, pide la cuenta y va al baño. Allí se encuentra con un muchacho que lo mira fijo y tendido, le sonríe y le ofrece realizarle sexo oral.

 

El final del cuento no lo sabemos. Si el oficinista aceptó la propuesta del muchacho será un misterio para esta historia ficticia, aunque basada en hechos reales: hay una organización llamada “las teteras” que ofrece sexo gratuito en espacios públicos de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Para quien no conoce lo que es una tetera, pensará quizás que es sexo en lugares públicos "por personas de bajos recursos en unbaño de la estación de Constitución a las 3 de la mañana". Un prejuicio que no tiene relación con la realidad. Las teteras están en muchos de los sitios del microcentro, donde van a almorzar o tomar un café hombres "de traje y corbata", quienes son los que más practican el "teterismo". Para quien aún así tiene dudas, acá está el mapa colaborativo que publican en internet con las teteras.

 

Y no es nuevo, ya que existen, por lo menos, desde la última dictadura militar argentina de 1976. En ese momento, ser homosexual era penado por la ley, por lo cual la identidad se mantenía oculta clandestinamente. Con un contexto más favorable, aunque sigan faltando muchos derechos, hoy parte de la comunidad homosexual utiliza “las teteras” como un lugar de encuentro casual, que alimenta la fantasía sexual de mantener relaciones sexuales en un espacio público ante la posible mirada o descubrir de los demás.

 

Así, en un principio, la "condición" para ser una tetera sería ser un varón en un espacio público y ofrecer sexo. Pero después hay variantes, y hay nuevas formas de hablar y relacionarse, y hay nuevos códigos. Es todo nuevo, aunque en realidad existen hace más de 50 años. Una historia nueva, indignante y polémica, quizás, para el varón blanco heterosexual que goza de privilegios que otros géneros no, y que no admite en su norma nada que sea por fuera del sistema patriarcal que alimenta y fomenta.

 

La movida tetera se da principalmente en las redes sociales. También crearon un “mapa de teteras” con día, horarios y lugares específicos donde cualquiera que desee un encuentro efímero lo puede encontrar. La mayoría están ubicados en el microcentro o terminales de transporte público, por su condición de “tránsito” que complementa el goce del sexo casual e inmediato.

 

Recorriendo la Ciudad, podemos encontrar teteras en la “tumba 3635 de la galería 24”, del Cementerio de Chacarita, bajo la advertencia “SEAN DISCRETOS si no quieren que se clausure nuevamente este lugar”.

 

Otro lugar puede ser el Carrefour Barrio Norte, ubicado en el barrio porteño de Recoleta, en las calles Agüero y Beruti. Allí algún participante de las teteras recomienda: “Muy escondido y muy muy poca vigilancia. Entrás por Beruti, bajás la rampa como para el estacionamiento, ahí doblás en u y tenés el cartel de los baños. Al mediodía y después de las 20, alta joda!”.

 

Los baños de casi todas las estaciones de subterráneo y ferrocarriles que atraviesan la Ciudad también están captados por las teteras, que con su mapa se ayudan a fomentar la actividad sin ser descubiertos. En la reserva ecológica de la Costanera, por ejemplo, una tetera anónima escribió: “Me enteré de que en la Reserva Ecológica hay como dieciséis cámaras buchonas, y que uno tiene que manejarse como el agente 007. Pienso que deben apuntar hacia donde está la orilla del río y las partes más transitadas. Así que hay que saber por dónde plantarse, y moverse por los senderitos que llevan al follaje más alto, que es el mejor escondite. Cuidado con las cámaras de seguridad”.

 

El anonimato, por otra parte, es un ingrediente importante en esta manera de relacionarse. Es un lugar donde “se puede ser”, admiten los integrantes. Por el contrario, el varón blanco heterosexual no sabe los códigos y detesta por su machismo patriarcal el coqueteo o seducción de cualquier identidad que no sea la que la norma dispone –como predica la cultura machista: si es mujer, le aburre lo ‘fácil’ y, si es varón, se indigna y hasta puede ponerse violento para demostrar su masculinidad-.

 

Por lo que hacen las teteras, hay mucho indignado en microcentro. “Estaba lavándome las manos y me tocaron”, “estaba haciendo pis y me miraron”, son algunas de las frases que reclaman los varones heterosexuales. Tranquilos, chicos, no es nada que no viva una mujer cada minuto de su vida, y para peor, no sucede solo en los baños: sucede en la calle, en el colegio, en el subte o cualquier otro escenario donde ustedes necesiten demostrar esa “masculinidad” que nos mata cada 18 horas.

 

Se trata de un “juego de seducción”, como decía el gran Gustavo Cerati, y solo basta con pronunciar un “no” o un “sí” para definir cómo seguirá la historia del oficinista.

 

LA HISTORIA DE LAS TETERAS

 

El origen de la palabra “tetera” tiene su historia: según relata el escritor Juan José Sebrelli, esta denominación proviene del inglés; al baño se lo llama “toilet room”, expresión que muchas veces se acorta a “t-room”, una abreviatura que suena igual que la expresión “tea room”, es decir, salón de té en inglés.

 

Hasta el mundial de fútbol del 78, antes de que se practicara una purga antihomosexual para dejar limpia la ciudad de “elementos indeseables”, había varios lugares donde ir a bailar. Pero en la dictadura, cuando todavía no se habían privatizado los ferrocarriles y el SIDA no tenía la difusión de hoy, el verdadero auge era el de las teteras.

 

Estos lugares no sólo eran de prácticas sexuales, sino que se generaba un microclima o gueto, donde surgía un lugar de pertenencia, de contención, solidaridad y sobre todo de resistencia.

 

Las teteras eran lugares donde se compartía información científica, médica, política y de derechos civiles. Herramientas que van a servir de semillero para la organización y posterior conquista de los derechos que se alcanzaron durante la última década.

 

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ENTREVISTA A UN “TETERO”

 

Para adentrarnos en la dinámica de las teteras, SECCIÓN CIUDAD dialogó con Julián Fernández, integrante de la revista “La tetera”. Desde su espacio digital militan por la “disidencia sexoafectiva”, mientras buscan “un lugar donde podamos recuperar las voces de las locas que fundaron las primeras teteras y que fueron semillero del activismo y la militancia de nuestra comunidad”.

 

¿Cómo te das cuenta quién es una tetera?

 

Te das cuenta porque es una persona que está en el mejitorio sin orinar, en una actitud sospechosa, nadie está ahí diez minutos parado en soledad. Tienen una conducta en cierta forma anormal o no habitual. Se miran mucho mientras orinan, que tampoco es común. A veces ni se habla y se presupone que el otro está en la misma, más allá de cualquier eventualidad o circunstancia que pueda haber. Vos sabes que está ahí, y si ves que está mucho tiempo o mira, replica el código; y si no lo sabés, lo aprendés muy rápido. Es esa miradita especial que da a entender que te quieren levantar.

 

¿Las teteras se organizan por zonas o lugares?

 

Las redes sociales te permiten organizarte. Si bien en principio eran baños puntuales, ahora hay un mapa de teteras en toda la Argentina. En Capital Federal, sé que el baño de Mc Donalds de Avenida de Mayo y Florida, es un lugar bastante clave. Además, se da en la mayoría de los baños de trenes, subte, colectivos. Son lugares puntuales que se saben.

 

Ustedes dicen que tienen una revista de "disidencia sexoafectiva", ¿qué significa?

 

Desde la lucha LGBT, se empezó a usar fuerte la palabra diversidad. El tema es que, ahora, las organizaciones siguen luchando por la diversidad pero consideran que ya es un concepto demasiado amplio y absorbido por el sistema hegemónico. Entonces usamos la palabra disidencia para seguir marcando que la norma sigue existiendo por más que haya una apertura en un montón de aspectos, en especial la norma que coacciona sobre nuestros cuerpos. Por otra parte, la disidencia sexoafectiva hace referencia tanto a la forma de vincularse a través de relaciones sexuales o afectivas, porque no necesariamente tiene que haber sexo para que la relación afectiva sea "disidente", por decirlo de algún modo.

 

¿Se trata de separar el concepto cultural de 'amor' del acto sexual?

 

Exacto. La idea es marcar que en ambos espacios, tanto en el amor como en el sexo, puede haber vínculos, lazos o conexiones disidentes, más allá de la heteronorma. Calculo que dentro de la heterosexualidad también puede haber relaciones disidentes.

 

En su Blog muchos hablan de las teteras como un "arte" o una "performance", ¿qué significa eso?

 

Tiene que ver con el acto performático en sí, que es que al enunciarse esas palabras generan una acción, al mismo tiempo, es decir, es la acción en sí misma la palabra. Por ejemplo, "yo prometo", que es un acto performativo porque yo al decirlo lo estoy haciendo. Entonces, se plantea a las identidades como un acto performativo. En la Argentina, la Ley de Identidad de Género determina que la identidad es autopercibida, es decir, que nadie te va a decir quién sos vos o cuál es tu género, sino que es el que vos considerás que es y se tiene que respetar tu decisión.

 

¿Hay intercambio de dinero en los encuentros de teteras?

 

En general, no. Depende el lugar, hay muchos que no pueden estar todo el día en un baño porque hay guardias.

 

¿Por dónde pensás que pasa el goce de las teteras?

 

El espacio público cumple un morbo bastante fuerte en esos lugares porque las teteras son baños públicos o parques. Siempre está la posibilidad que te descubran, o pensar que te están mirando, va mucho por ahí. Otra cosa que juega mucho en las teteras es el anonimato. En el encuentro de las teteras se intercambian muy pocas palabras, no te queda otra que confiar en la otra persona y capaz no la ves nunca más en tu vida. A veces son solo diez minutos y ya está, fin.

 

¿Consideras que el anonimato podría ser incoherente con la lucha por la identidad?

 

Hay variantes. En un principio, al haber códigos contravencionales y de faltas que decían que prácticamente ser puto era un delito y era motivo de cárcel, las teteras también necesitaban esos encuentros.

 

¿La práctica tetera no se convierte en una forma de perpetuar la opresión hacia la homosexualidad?

 

En una tetera juega mucho el tema de la visibilidad. Ahí lo van a ver otros putos, y se encuentran entre ellos. Ya sabés que ese lugar es para ir a levantar. No me imagino en realidad a ese lugar de encuentro de una forma más abierta, porque pierde la magia o el misterio de ese lugar tan nuestro y propio. Hay cosas que son solo para el grupo que pertenece. Más allá de esa práctica o ese momento de encuentro entre maricas, hay formas de darle una vuelta. Quizás la revista es una de esas, de contar las historias de lo que pasa ahí. Por el contrario, pienso que el momento de tetera es contra hegemónico. Funcionan dentro del mismo sistema y nadie se da cuenta.

 

Pasada la dictadura militar, ¿cómo son las teteras de hoy?

 

En un contexto tan adverso para la diversidad quizás la tetera vuelva a ser un lugar de encuentro, porque, además, hoy es como que quedó la tetera marginada hacia un sector de los gays. Quizás a una persona de clase media le hablás de teteras y te mira medio raro. Por lo general, esta actividad llega a seres más humildes o vulnerados o vulneradas. Si bien hay de todo, por lo general hoy hay un público de barrios más humildes, sobre todo las de parques o baños del centro. Además, muchos lo hicieron o hacen porque viven su sexualidad de manera reprimida, y ahí es un lugar donde se puede ser, nadie te va a pedir el carnet.

 

¿Hay mujeres teteras?

 

No hay, pero nos contaron que en Rosario, en plena dictadura militar, había mujeres teteras en el baño de Sorocabana café. Era un bar donde las mujeres dejaban su tarjeta a los consumidores y se iba al baño a ofrecer sexo.

 

Teniendo en cuenta que la sociedad argentina es machista y que los encuentros son en espacios cerrados, ¿no hay situaciones de peligro para las teteras? ¿O en realidad se trata de una práctica aceptada que no se dice?

 

Existe la probabilidad de que alguien se enoje por una mirada, la homofobia existe. Sin embargo, en la mayoría de esos casos de indignados, en el momento posiblemente la persona arruga. Pero en realidad, si vos no querés hacer nada, simplemente no lo hacés. Te van a tirar onda, si querés agarrás viaje y si no, no.

 

Hay muchos varones que dicen ser acosados por las teteras, ¿es real?

 

Debe haber alguno que sea medio pesado, pero lo que pasa en realidad es que los varones no están acostumbrados a que los encaren, entonces se sienten violentados. Bueno, bienvenidos, es básicamente lo que vive una mujer a diario. Es una mirada intensa a los ojos, un cabeceo, te tocan el bulto. No es más que eso. Como los hombres no están acostumbrados a que los encaren les parece violento. Además, se puede decir que no con palabras, se puede preguntar. Lo que pasa es que desafía su masculinidad construida, ahí entra en juego cada uno. Nunca vi situaciones de acoso, pero sí violencia institucional de parte de las fuerzas de seguridad.

 

¿Qué le dirías a la indignación o miedo social heterosexual sobre las teteras?

 

Les diría que se saquen el miedo yendo. Yo fui a teteras a repartir preservativos, pero nunca hice nada. Ahí ves que es totalmente inofensivo, las situaciones de mayor violencia se dan con los policías o la seguridad del lugar, o con gente que va a robar.

 

¿Las teteras son una manera organizada de tener relaciones sexuales?

 

Sí, si buscás en Facebook hay muchos grupos que se organizan tipo 'yo voy a estar a las 12 en el parque' y podés ir.

 

¿Cualquier lugar puede ser una tetera?

 

Sí, puede ser cualquiera, el tema es que necesitás que haya una tetera donde vayas, porque si no, pierde la gracia la tetera en sí. Por lo general son lugares de tránsito, muchos baños del centro que son la 'escapadita de la oficina' o el 'justo pasaba por ahí a hacer un trámite'. Cualquier lugar de tránsito que tenga esa fluidez o esa cuestión efímera de 'vengo acá un ratito un toque, me voy y sigo'. Es de paso.

 

¿Es una manera de ahorrarse la 'primera cita'?

 

Es que a veces no tenés ganas de tenerlas. A veces solo querés coger y nada más. Fuiste ahí, viste alguien que te gustaba y ya está todo dicho.

 

Ahora bien. Del “juego de seducción”, te invito al juego de la abstracción. ¿Podrías imaginar un mundo donde los heterosexuales se dividan según la ideología política o según si son rubios, morochos, altos o flacos? Ahora imaginate que eso está organizado y que podés acceder solo usando las redes sociales. ¿Y si, además, pudieras ahorrarte la primera cita e ir directamente hacia lo que te gusta? Te invito a abstraernos y dejar el mundo binario de lo que está “mal” o lo que está “bien”, del “varón” o de la “mujer” y del “amor” o el “odio”. Te invito a tetear.  

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