Viernes, 10 de Agosto de 2018

La época de la globalización y de los ciudadanos de a pie

Por: FELIPE VERGARA

El siglo XXI ha traído consigo una revolución en un sinfín de aspectos, todos relacionados directa o indirectamente con las nuevas tecnologías de la información. Esta interconexión ha modificado varios de los aspectos propios de nuestros pueblos, uno de ellos es la redefinición de ser un Ciudadano de a Pie.

 

La RAE primeramente define “de a pie” con la acepción de “dicho de un soldado que no van a caballo para su cometido” o sea la persona real que sin privilegios camina con un objetivo, aun más, en las guerras por la independencia, por ejemplo, la infantería era el primer destacamento en avanzar, los primeros en sacrificarse por la libertad de nuestros países, la mayoría de ellos combatientes valientes y anónimos.

 

Con el tiempo la definición “de a pie” se fue modernizando y el diccionario hoy la define como: “Dicho de una persona normal y corriente”. Y este último uso se aplica perfectamente a la expresión Ciudadano de a Pie y que evidentemente no sólo camina, puede andar en bicicleta, trasporte público o auto, pero que en escencia recoge la caractetística plazmadas en su definición inicial: sin privilegios.

 

En política este era uno de los principios que la hacía distintiva, así uno puede recordar a Evita, Mitterrand o Patricio Aylwin; pero con el tiempo su distingo se fue desfigurando hasta lo que es hoy: una casta que promueve la apertura, la inclusión y la renovación, pero que no es más que un grupo de afines que poco y nada tienen de calle, realidad o apertura, como no recordar a PPK y su compromiso por un Gobierno abierto que terminó con su destitución u otros que prometiendo una democracia participativa, sólo terminaron abogando por una sociedad de consumo extrapolándola hasta a la educación, como años atrás lo hiciera el presidente Piñera en su primer gobierno. No es de extrañar entonces el poco apego por el quehacer político o el evidente desinterés por participar de una elección que pareciera sólo mantener y a veces hasta reforzar las desigualdades observadas.

 

Siendo así, la sociedad se enfrenta a un desafío mayor: cambiar el paradigma, asumir que se requiere de un giro, de una mirada evolutiva, que el hecho que las puertas estén abiertas como muchos plantean, no es más que un espejo de dos caras, porque esa apertura es sólo para algunos privilegiados a quienes nosotros mismos hemos decidido abrirles, el resto se acerca, intenta entrar y gira en una puerta que inevitablemente los lleva nuevamente a la salida. En países latinoamericanos como los nuestros, sólo uno de diez jóvenes de sectores económicos vulnerables que ingresa a la universidad logra surgir, los de clases altas, este número se incrementa a 9 de 10.

 

En este nuevo modelo ciudadano, el de a pie, el real; el que apela a aquello tan fundamental, pero a la vez tan olvidado, como son los principios; es el que avanzan en renovación. Todo ello bajo una nueva carta de navegación política, orientada hacia un trabajo colectivo que se hace desde el compromiso de cada uno; donde la transparencia sea por fin un valor intransable para una política de cara a la gente. Porque, aunque vivamos en una sociedad de mercado, no todo tiene un precio y hay principios que no se transan por cuotas de poder.

 

Siendo así, mientras nos acercamos a la tercera década del siglo XXI, también nos encaminamos al Ciudadano de Verdad, dispuesto a rebelarse al status quo, por un bienestar mayor que quizá no logremos ver en plenitud, pero que es claro que si optamos por este caminar no sólo nos va a permitir avanzar más rápido y más eficientemente; sino por sobretodo más humano.

 

Caminante son tus huellas, el camino y nada más.

 

FELIPE VERGARA   Académico y Doctor en Comunicación

#468