La mujer en la TV: No solo una cara bonita

(Por Malena Montes) En la gran mayoría de los programas, la mujer siempre "acompaña" y no protagoniza, algo que hace el hombres. El rol de la mujer en la televisión es otro ámbito de desigualdad de género.

Miércoles, 18 de Octubre de 2017 - 03:47 hs

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Por Malena Montes @DraCasan

 

La desigualdad entre hombres y mujeres en la televisión es notoria. Pero no en términos de cantidad, sino en calidad. Es decir, no decimos que no hay mujeres en la pantalla, sino que se discute el rol que ocupan en ella.

 

En programas serios o cómicos, sin importar el formato, la mujer siempre aparece como “acompañante” y nunca como referente de un tema o tomando decisiones editoriales. Además, la bajada de línea final o el “análisis” de los temas de la agenda más importantes del día o de la semana siempre está en manos de un hombre.

 

Tan fuerte es el patriarcado televisivo que hasta los programas de “chimentos” (que supuestamente la mujer consume porque “natural”, es decir, patriarcalmente, es “chismosa”) son liderados por varones, como Jorge Rial, Ángel De Brito o Santiago Del Moro. Fuera de la pantalla, lo mismo sucede con el mundo culinario: los grandes “chef” son varones. ¿Será que ni lo que culturalmente estamos destinadas a hacer, como cocinar o chismotear con las vecinas, podemos hacer bien?.

 

La misognia y machismo televisivo se notan sin hacer demasiado análisis. Las mujeres son cosificadas y se muestra una visión estereotipada de ellas. Un ejemplo es lo que sucede en el programa A24 que conduce Eduardo Feinmann  con la “chica del clima”. Para empezar, el personaje del programa ni siquiera tiene nombre de persona, sino televisivo; es decir, es la “chica de”, aunque en realidad tenga nombre: se llama Mina Bonino y es periodista.

 

En la previa al día del partido de Argentina-Perú, Mina Bonino estaba siendo retratada de atrás, con un ángulo contrapicado, para mostrar su cola, como siempre. De un momento a otro, alguno de los “machos especialistas” de la mesa, preguntaron en tono burlón qué pensaba del partido, esperando reírse de la supuesta "ignorancia" de ella sobre fútbol. Lo que no sabían era que Mina sabe mucho del deporte, incluso más que cualquiera de los supuestos “expertos” de la mesa.

 

 

La situación a la que se vió expuesta Mina no es ni sorpresiva ni anormal. La producción de estos programas justifica la decisión de poner solo hombres a hablar de fútbol bajo el prejuicio machista de que “ellos saben mucho”, olvidando así que el conocimiento no tiene absolutamente nada que ver con el género de nacimiento o el elegido.

 

La mujer no se “cosifica”. Toda mujer tiene derecho a mostrar cómo y dónde quiera su cuerpo. La cosificación no se produce ahí, sino cuando la estructura del programa logra silenciar su voz, o cuando realizan planos detalles de su cola o sus tetas. Eso le sucedió en el pasado, por ejemplo, a Carla Conte, cuando concursó en Bailando por un Sueño, de Showmatch. La actriz y conductora renunció al certamen por negarse a que Marcelo Tinelli le cortara la pollera. Dijo, muy claramente, que ella podía salir sin o con poca ropa, pero no podía permitir que un adulto abuse así de su exposición.

 

 

Así las cosas, es necesario e importante saber diferenciar que la cosificación se produce solo cuando hay dos personas, siendo una la que “cosifica”, es decir, trata de objeto a otra. No existe tal cosa como “cosificarse sola”, en ese sentido, porque nadie está ejerciendo esa significación.

 

Otra “chica del clima” es Sol Pérez, también encargada del clima o temas menores, en  el noticiero Sportia por las mañanas del canal TyCSports. Si bien lo importante es mostrar la pantalla con la temperatura del día, la cámara se encarga de realizar el mismo ángulo contrapicado que a Mina para mostrar su parte trasera de manera llamativa. Los comentarios babosos de sus compañeros también refuerzan la cosificación a Sol, que trata de decir el clima entre risas nerviosas.

 

 

Por supuesto que ellas son conscientes del lugar que ocupan. Como todas somos conscientes que no podemos salir sin avisar a alguien nuestro paradero, teniendo en cuenta que un hombre nos mata cada 18 horas.

 

Fue "gracioso" el grito emocionada al aire de Virginia Gallardo dicieno “es la primera vez que un invitado me saluda”, cuando uno de los invitados de la mesa de Polémica en el Bar se dignó a efectuar un débil “hola Virginia” a ella que estaba detrás del mostrador del bar.

 

Polémica en el Bar es un programa antiguo que este año Telefé decidió reeditar. La estructura se basa en una mesa central con hombres sentados que opinan de temas para armar “polémica”. En esta nueva edición, Mariano Iúdica es su conductor y hay otros personajes televisivos que poca importancia tiene mencionarlos en esta nota. Lo interesante es que atrás, muy a lo lejos de la mesa donde se habla y se hace el programa, hay una mujer. O, mejor dicho, el escote de una mujer.

 

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Se trata de Virginia Gallardo, que simula ser la “dueña” del bar pero se ubica atrás de la escena, apoyada en la barra, mostrando el escote. Cada tanto la dejan sentarse en una banqueta, cerca de la mesa, pero no participando in situ de la “polémica”. Nuevamente, su cosificación y el lugar que la producción da a la mujer es notoriamente escaso. Seguramente Virginia tenga mucho más para decir, desde acá, te alentamos a romper estructuras.

 

Otro noticiero como A24 que no da lugar a la mujer es Todo Noticias. Todos sus programas de análisis político son conducidos por hombres y la mujer, directamente, no existe. Programas como Los Leuco, Código Político o El juego limpio son uno de tantos ejemplos.

 

Además, durante el día, TN funciona como noticiero donde continúa acentuando la desigualdad de género. De manera reciente, creó un “espacio” de mujeres haciéndose pasar por inclusivo, aunque lo que hizo en realidad es apartarlas del escritorio central de las noticias, con una mesa al costado donde se hablan temas “sociales” que tocan la política pero externamente, o noticias bizzaras sobre “perritos” o videos de “bebés”. Así, la decisión editorial siempre está en manos del varón, que sigue en su lugar privilegiado de dar las primicias.

 

Las mujeres tienen menos incidencia en la mayoría de los ámbitos de la sociedad. La televisión es una muestra clara. La misma ex Presidenta Cristina Fernández lo expuso en la entrevista que brindó en C5N el 25 de mayo pasado, cuando pidió que haya “más mujeres en televisión”. Con su complejo de “macho”, Roberto Navarro contestó rápida y erróneamente que “hay muchas mujeres en la tele”; Cristina, que está aprendiendo de feminismo, no supo qué contestar. Aquí la respuesta: sí, hay mujeres en la televisión, pero en roles misóginos, estigmatizados y estereotipados.

 

Atrás quedó doña Petrona y su sumisión al hogar. Esta caja no es boba, se hace. La televisión reproduce un modelo de sociedad que cada vez cuestiona un poco más por qué a nivel mundial hay más mujeres que varones, pero, sin embargo, la mujer experimenta y vive el mundo como una minoría relegada, asesinada y estigmatizada.

 

"Sobredosis de tevé", decía Soda Stereo, y agregaba “no creo poder resistir”, un tanto agobiado por la pantalla chica. Miguel Abuelo, por su parte, hablaba de “la fórmula del éxito” para estar en televisión, y se refería a los “moldes” televisivos de las mujeres que debían “vender besos” para alcanzar la fama, o los varones tener un “proyectito de actor”, claramente marcando la diferencia de género: ellas deben vender su cuerpo, él, en cambio, su “talento”.

 

A esta necesidad de encasillar en moldes preestablecidos responde el modelo televisivo. Luciana Peker, reconocida periodista de género que creó la sección Las 12 de Página 12, publicó sobre este tema una reflexión maravillosa: “La televisión no busca resaltar ni mostrar un arco iris de belleza posible. Busca moldes que uniformen el deseo en una talla, en una edad, en un estilo, en un gusto, en un mix que espeja que ser mujer no es una pluralidad de opciones sino un formato en el que se encaja o se desencaja”. Y agrega: “Las que llegan son menos, las que no llegan son muchas, las que son expulsadas son demasiadas. Y aun las que se vuelven aguja en el pajar son desterradas si crecen, si no se operan, si no se ponen botox, no van al gimnasio o si cantan, hablan o -incluso- hacen gestos que no solo decoren las mesas que ya están servidas”.

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