Viernes, 11 de Mayo de 2018

La frontera de la pobreza es un centavo

Por: FERNANDO NAVARRO

El gobierno anunció hace un mes, con bombos y platillos, que la pobreza había bajado al 25,7% durante el segundo semestre de 2017, 4,6 puntos porcentuales por debajo de la tasa de igual período de 2016.

 

Dejamos pasar un tiempo prudencial para dar nuestro punto de vista, ya que nos parecía que opinar muy encima de la noticia llevaría a que nuestra subjetividad nos ganara.

 

Es necesario decir que durante la última etapa de nuestro gobierno cometimos el terrible error de no medir la pobreza. O, algo aún peor, utilizar valores inconsistentes.

 

Ahora bien, al margen de reconocer errores, no cabe duda de que la orientación de las políticas implementadas durante los gobiernos de Néstor y Cristina apuntó a bajarla, objetivo que se logró en una medida importante. Sin embargo, no derrotamos la pobreza estructural.

 

Queda claro que para combatir a la pobreza debemos tener el diagnóstico correcto y que, por lo tanto, las estadísticas no sólo son importantes, sino necesarias.

 

Pero son importantes y serán útiles, en la medida en que reflejen una realidad no sólo numérica sino vivencial, y no se limiten a establecer el poder adquisitivo, sino que abarquen al conjunto de necesidades cuya cabal satisfacción define a la dignidad humana en su concepción actual.

 

Es decir, cabe preguntarnos, ¿bajó realmente la pobreza como asegura el Gobierno? Tengamos en cuenta que el método para medir la cantidad de pobres e indigentes en el país es el siguiente: se establecen dos niveles de ingreso: quienes no puedan comprar los alimentos básicos para cubrir sus necesidades calóricas (la Canasta Básica Alimentaria) son considerados indigentes, y quienes no pueden comprar los alimentos y demás productos y servicios básicos (Canasta Básica Total) son considerados pobres.

 

El Indec estableció que en marzo se necesitaron 17.867,28 pesos para no ser pobre, pero lo que debemos tener en cuenta es que las familias que tienen un ingreso ínfimamente superior a ese monto no son consideradas pobres según las estadísticas.

 

Es decir, la frontera de la pobreza es un centavo. Es por todo esto que la noticia de que “bajó” la pobreza generó tanta indignación en los hombres y mujeres de a pie, que hoy no llegan a fin de mes.

 

Pero la cuestión es aún más profunda. A la hora de hablar de pobreza no sólo es preciso tener en cuenta el salario. Existen otros indicadores como los déficits referidos al acceso a la vivienda, a los servicios básicos, las calles no pavimentadas y una infinidad de variables que dependen exclusivamente del trabajo del Estado.

 

Esto se ve reflejado en el último informe de la UCA, donde hay un aumento del 2,1% de la pobreza infantil entre 2016 y 2017. La situación es aún peor en la medición multidimensional, que toma cuestiones estructurales como el acceso a una vivienda digna, alimentación adecuada o el acceso a la salud.

 

Es por todo esto que se debe poner en marcha un plan de inversión pública a través de políticas focalizadas con el fin de atenuar los déficits existentes en los barrios más vulnerables.

 

Nosotros le hemos acercado al gobierno una propuesta para generar un millón de puestos de trabajo en tres años, enmarcados en el seno de la economía popular, que por razones de espacio no es posible detallar aquí.

 

También es necesario dejar en claro que discutir el pasado no resuelve los problemas de los argentinos. Discutamos, en todo caso, no quién generó más o menos pobres, sino de qué manera vamos a derrotar de una vez y para siempre el flagelo de la pobreza.

 

FERNANDO "CHINO" NAVARRO   Dirigente del Movimiento Evita

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