Miércoles, 26 de Diciembre de 2018

La economía de 2019, un año electoral

Por: GUILLERMO NIELSEN

Desde el punto de vista financiero el año próximo es hoy. Las expectativas juegan un rol central en la marcha de los mercados financieros, de allí que estamos terminando el año con malos indicadores en la economía real, y mirando al próximo en el horizonte a partir de una discusión sobre la evolución que está teniendo el riego-país y lanzados a un año electoral en unos días más, donde se perfila para el año próximo una competencia entre modelos antagónicos. Son temas ineludibles para abordar la marcha de la economía el año próximo.

 

Antes es importante señalar que nadie, ni siquiera defensores más ortodoxos del oficialismo, se oponen a la idea generalizada sobre la impericia económica del Gobierno. La presidencia del ingeniero Macri va a pasar a la historia como un Gobierno desparejo, con éxitos interesantes –y muy necesarios- en la lucha contra el narcotráfico, en la libertad de opinión, y en la gestión de la obra pública. Pero va a ser más recordado como el Gobierno que volvió a sobrendeudar al país, que desbarrancó en materia inflacionaria, y que volvió también a poner nuestra política económica bajo la tutela del FMI, algo que todos creíamos que era un “paisaje económico” al que nunca volveríamos, dado lo doloroso de la experiencia atravesada en la crisis del 2001 y su resolución.

 

La marcha de la economía durante el año próximo va a estar influenciada tanto por los resultados de las encuestas electorales, como por la evolución de la economía real que a diferencia de la esfera financiera, demora bastante tiempo en generar la información, pero que difícilmente traiga buenas noticias para el Gobierno.

 

Mientras tanto, el riesgo país, que bate récords, está expresando la complejidad de la Argentina futura: las opciones son por un lado la reelección de un Gobierno que “no pudo, no supo o no quiso” impulsar las reformas estructurales que el país requiere para dejar atrás décadas de decadencia, con un Gobierno que pierde popularidad a medida que avanza el plan de ajuste del FMI y que como es lógico, no despierta el apetito electoral. Como alternativa, y con mucho trabajo, se va ordenando una oposición que a pesar de no estar todavía del todo definida, cuando fue gobierno lamentablemente dejó en manos inexpertas la delicadísima relación con el mercado financiero internacional donde justamente se fija el riesgo-país, con resultados negativos y costosos.

 

El riesgo-país expresa también un condimento legal que tomó más fuerza en los últimos días y que no se puede ignorar: las derivaciones del “cuaderno-gate” llevaron a la primero a la citación a indagatoria del principal empresario del país, y sólo unos días después a la citación del padre y de uno de los hermanos del Presidente. Esto en la tapa de los principales diarios del mundo tampoco ayuda.

 

Pero por otro lado, el quiebre de la curva de rendimiento de los bonosargentinos muestra también algo que fue muy evidente para los especialistas y muy ignorado por el público en general en el “micro-mensaje” del Presidente de la Nación del 28 de agosto cuando anunció que ya tenía un nuevo acuerdo con el FMI donde se adelantaban los desembolsos del último tramo del stand by en curso, de manera tal de aventar dudas respecto al pago de los vencimientos de deuda durante su Gobierno. Claro que esa movida se llevó a cabo a expensas de desfinanciar al próximo Gobierno –cualquiera sea su signo-, obligándolo a que tenga que recurrir de nuevo al FMI incluso antes de asumir, en actitud implorante. Por eso los bonos con vencimiento del año 2020 en adelante están operando con rendimientos semejantes a los que atravesaron durante el default técnico inducido por la decisión del juez Griesa que impidió que el BoNY pagase normalmente los cupones de los bonos performing en ese momento.

 

Paradójicamente, la decisión del FMI de aprobar un segundo acuerdo con Argentina con un flujo de desembolsos tan sesgado a favor del gobierno del presidente Macri puede ser el punto de apoyo para que si gana la oposición, el país pueda renegociar un stand by más constructivo que el actual; esto es que deje lugar para el crecimiento de la economía. La aprobación del actual stand by fue controvertida en el directorio del organismo, y tuvo la oposición de las sillas europeas pero con el respaldo decidido de la administración Trump, que pasó arrolladoramente por sobre las objeciones europeas.

 

Esto último es importante. Los stand by del 2003, negociados con una dureza que llevaron al organismo a dejar de lado algunos de sus dogmas, permitieron el despegue de la economía que alcanzó altas tasas de crecimiento. Aquella negociación fue posible no sólo por la determinación de las autoridades argentinas de dos gobiernos distintos, sino también porque el FMI había sido coresponsable de la crisis argentina de finales del 2001, lo que nos permitió negociar una solución con un resultado equilibrado, cosa que no ocurre cuando un país pide asistencia a partir de una crisis gestada con la exclusividad de sus propios errores como fue la solicitud argentina de este año.

 

GUILLERMO NIELSEN   Economista

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