Miércoles, 12 de Junio de 2019

Como en el ajedrez, ahora juegan las negras

Por: FACUNDO NEJAMKIS

Hace pocos días CFK impactó y reconfiguró el escenario político con la decisión de ir como candidata a vicepresidenta de Alberto Fernández, un ex colaborador, distanciado de ella por cuestiones políticas además expresadas públicamente. 

 

Rápidamente, Alberto Fernandez tendió puentes con el conjunto del peronismo, recibió numerosas adhesiones de gobernadores y la coronación de esta estrategia es la reciente incorporación de Sergio Massa. Ya veremos cómo se expresa.  

 

La estrategia electoral del gobierno de confrontar con el kirchnerismo quedó herida de gravedad. Básicamente por dos razones. CFK pasaría a un segundo plano durante toda la campaña, incluida su ausencia en el debate presidencial ahora obligatorio. La segunda, quizás más relevante para Cambiemos, el kirchnerismo comenzaría a confundirse con el peronismo. 

 

Luego del triunfo del año 2007 con la formula CFK-Cobos el kirchnerismo perdió todas las elecciones con la excepción del año 2011. Una de las razones fundamentales de estas derrotas está basada en la creencia de que es posible prescindir de ciertos sectores del peronismo. Sectores más conservadores, menos confrontativos, con una agenda menos radicalizada. 

 

Los últimos movimientos de CFK parecieron destinados a reparar este error. La fórmula de los Fernández puso en tensión a Alternativa Federal y la terminó desintegrando. En la última elección presidencial ese espacio de peronismo no kirchnerista significo más de 20 puntos. El gobierno no podía quedarse afuera de la repartija. Más aún cuando era inminente la incorporación del Frente Renovador a las filas del neokirchnerismo. 

 

El gobierno ahora sacude el tablero, juegan las negras. Incorpora a un peronista ortodoxo, con diálogo con todos los sectores y le comunica al peronismo no k que la confrontación sigue vigente. Que el kirchnerismo sigue siendo kirchnerismo. Y que para derrotarlo hay que aunar fuerzas. Así lo expresó Pichetto en su última aparición televisiva antes del anuncio. Con claridad señaló que había dos modelos en pugna y que uno implicaba peligros para la democracia Argentina. 

 

Es imposible medir cuantitativamente cuánto suma Pichetto: es difícil con Massa, pero con el actual senador más aún. Pichetto no lidera un espacio político ni tiene un respaldo electoral. Su incorporación a la coalición gobernante hay que interpretarla en términos cualitativos. Y con cierta estabilidad económica lograda por el Gobierno los últimos dos meses, que hace que la prioridad sea incorporar una pata política y recrear la imagen de que alrededor del timón de mando hay gente con más roce.

 

Cambiemos demuestra así que, a pesar de las dificultades, logra ampliar su coalición tal como reclamó la UCR en su convención más reciente. Hay un peronista en la fórmula, y uno de verdad. Pero además, comparte parte de la agenda de la coalición gobernante. Sobre todo en lo que refiere a la relevancia de la agenda de la seguridad, la crítica al ingreso de migrantes, y a quienes viven de los subsidios del Estado. 

 

Es un anuncio también de los tiempos que vienen en caso de un triunfo electoral. Ya no alcanza con Cambiemos. Pero eso es para muuuucho más adelante, y en caso de ganar. Aunque no deja de ser una semejanza que CFK elija a Alberto Fernández buscando dar una imagen de mayor gobernabilidad para los tiempos que se vienen, mientras que Macri intenta hacer lo mismo con Pichetto.Ninguna fuerza política parece augurar que los próximos años vayan a ser fáciles.

 

Ahora comenzará una disputa entre las dos grandes coaliciones. La nueva Cambiemos, con probable nombre nuevo, intentará recrear el antagonismo con el kirchnerismo, que tan eficiente le resulto para que llegar al poder. Desde la vereda de enfrente se intentara demostrar que la antinomia es con el peronismo, con todos sus recursos institucionales incluidos. 

 

Quien logre imponer el sentido de esta disputa será más eficiente para captar los otrora votantes de De Narváez y Felipe Solá en el 2009, los de Massa en 2013 y 2015 y los de Massa y Randazzo en 2017. Cambiemos apostará a recrear de cierta manera lo que fue en su momento Unión PRO, mientras que el kichnerismo intentará emular el nestorismo. 

 

Estos dos gigantes se repartirán probablemente bastante más del 70 por ciento de los votos y no hay que descartar que pueda haber un triunfo en primera vuelta. Esa eventual victoria en primera vuelta sólo sería imaginable si se produjera un reacomodamiento del voto luego de unas PASO que carecen de todo sentido en el actual escenario argentino.

 

FACUNDO NEJAMKIS   Titular de la consultora Opina Argentina

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