Cadena perpetua en el zoológico de Palermo

(Por Iara Arroba)

Domingo, 22 de Octubre de 2017 - 07:56 hs

Por IaraArroba @IaryArroba97

 

Entonces se elevó sobre sí misma, se paró, aunque no tenía pies, se acercó tanto como pudo al vidrio que la separaba de su libertad y me miró. Sus ojos no estaban enojados sino más bien cansados, incluso un tanto curiosos. Se mantuvo en esa posición unos segundos y luego golpeó el vidrio con su cabeza. El golpe no fue muy fuerte, no era una amenaza ni mucho menos un ataque, pero sí una advertencia, un llamado de atención.

 

31 de agosto de 2017: último día que las puertas del zoológico porteño permanecen abiertas. Parece un jueves como cualquier otro, el sol pega en los ojos y obliga a achinarlos para poder apreciar la vista de la pequeña laguna que hay en la entrada. Hay patos nadando y carpas que se acercan curiosas hasta la orilla, tal vez en busca de comida.

 

A los costados de los senderos hay pequeños animales que se parecen mucho a cobayos gigantes, pero con patitas muy delgadas. Son maras y están en todos lados. Sueltas. Libres. Y es que de eso mismo se trata la lucha que lleva a cabo la organización 'Sin Zoo': de la libertad de los animales.

 

Dicha organización no tiene fines de lucro, lo que sí tiene es el objetivo de abolir el cautiverio en los zoológicos. No siempre se llamó así o más bien no siempre tuvo nombre. Surgió cuando un grupo de activistas independientes se unió para sacar de la lista de 'La noche de las galerías' al Ecoparque. Para hacer la petición en 'Change.org' necesitaban un nombre y el que más votos tuvo fue ese: Sin Zoo.

 

 

Detrás de este grupo de activistas hay muchos guerreros y guerreras, una de ellas es Gisele, por eso me reúno con ella en una cafetería que da al costado del Obelisco. Al llegar pide disculpas por la ausencia de Malala Fontan y explica que estuvieron muy ocupadas últimamente, algo que se nota en sus ojeras.

 

La reunión que debía durar una hora, duró cinco.

 

No es necesario insistir para que Gisele hable de lo que nadie quiere hablar, de lo que todos callan. Ella cuenta y saca a la luz cientos de problemáticas sobre el zoo, una de ellas es que no hay un seguimiento de la liberación de los animales y los registros, si los hay, son confusos. No hay manera de confirmar que los animales que van desapareciendo del lugar hayan sido liberados o asesinados, solo hay dudas o información extraoficial.

 

La ley Nº 5752 sobre la transformación del recinto tiene como fin principal contribuir a la conservación de la biodiversidad y a la educación ambiental. La primera etapa del plan llevará dos años, tiempo durante el cual nadie podrá entrar excepto por algunas visitas guiadas que prometen hacer para organizaciones y periodistas. La ley se aprobó el pasado 7 de diciembre de 2016 pero la propuesta de ley fue hecha por Sin Zoo el 11 de mayo de 2015, algo que no aparece en la página del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, algo que nadie dice.

 

Casa de fieras. Jardín zoológico. Parque zoológico. Zoológico. Zoo. Bioparque. Ecoparque. Todos ellos tienen un nominador común que es mantener animales cautivos para el entretenimiento humano. La primera cárcel para animales, al menos de la que hay registros, aparece alrededor del 1500 creada por el emperador azteca Moctezuma Xocoyotzin en Tenochititlán, México. En ese tiempo, el hombre no tenía los mismos conocimientos que tiene en la actualidad, era ignorante, tal vez no más que ahora.

 

Si el objetivo de entrar a una de estas cárceles es aprender sobre el comportamiento de los animales, entonces hay algo que está muy mal pensado o que no está pensado en absoluto. Está comprobado científicamente que la extinción de una o varias especies genera problemas en la regulación del sistema ecológico y el ecosistema. También está comprobado que el encierro les saca vitalidad a los animales, cambia sus comportamientos naturales, se los aleja de su hábitat, su familia y les causa zoocosis.

 

La zoocosis es la locura del cautiverio, se reconoce mayormente por los movimientos estereotipados y repetitivos del animal, el acicalamiento excesivo y la autolesión. Es una enfermedad causada por el estrés ante la exhibición al público.

 

El encierro no solo les afecta a los animales sino también a las personas. Un estudio realizado sobre los desórdenes mentales de 23.000 presos demostró que la mitad de ellos tiene un trastorno de personalidad, la otra mitad restante tiene depresión, son violentos o poseen enfermedades psicóticas.

 

 

Jaulas para animales, para humanos, no dejan de ser eso mismo: jaulas. Y una vida, sea animal o humana, no deja de ser lo que es: vida.

 

Una de las medidas que se tomó en el zoo de Palermo es que ya no van a criar a más especies en cautiverio. "Las más jóvenes serán la última generación", les comenta un cuidador del Ecoparque a un grupo de visitantes curiosos. Y es por eso que una familia de jirafas está separada por una valla. El padre en un lado, la madre y su cría en otro.

 

No recuerdo cuándo fue la última vez que vi a una jirafa tan de cerca, tal vez sea porque esta es la primera vez. El macho baja el cuello tanto como le es posible para comer pasto y parece que me mira. Me quedo inmóvil, embelesada con la piel de gallina. Me está mirando, nos está mirando, a mí y a mi fotógrafa. Su inmensidad y belleza me hacen sentir ínfima. El padre de familia se acerca a la valla que lo separa de la hembra y se acarician con sus largos cuellos.

 

La escena que veo es clara ante mis ojos: una familia separada. Pero podría ser mucho peor. A ellos solo los separa una barra de metal mientras que a otros los separan continentes enteros.

 

Si hay algo que se ve, al menos en el día del cierre del zoológico de Buenos Aires, es la cantidad de cuidadores que trabajan allí. Tengo muchas preguntas para hacerles, pero entonces recuerdo a Gisele diciendo "Trata de ir con alguien. A muchos estudiantes los sacaron... Si te quieren echar que te saquen por la puerta de adelante. Mejor no hagas preguntas", por lo que, prefiero por esta vez dedicarme a observar.

 

Hay versiones que dicen que muchos empleados del personal fueron despedidos, una de las cuidadoras que se acerca a hablarnos lo niega y dice que los que tenían más antigüedad decidieron irse porque el salario no les convenía pero que los iban a reubicar a algunos (ella incluida) en el área de educación en este proyecto de Ecoparque.

 

Al pasar por la jaula de los rinocerontes, elegimos quedarnos unos minutos en ese lugar. Dos cuidadores se acercan al recinto en donde están los dos rinocerontes y estos que hasta el momento estaban desganados, al verlos llegar giran sus cabezas para verlos y se acercan a las vallas. Los dos muchachos, pasan el área restringida al público y se acercan a acariciarlos.

 

Acariciar un rinoceronte. Nunca lo hubiera imaginado. Solo los separa unas vallas de metal. Sus cuernos son tan anchos que podrían atravesar a una persona de lado a lado si así lo quisieran, pero ellos buscan amor.

 

En la Argentina hay más de diez zoológicos y acuarios, por lo que la cárcel para animales de Buenso Aires no es la única que debe cerrarse. El primer paso fue el Ecoparque, el siguiente debe ser el zoo de Luján. En este zoológico, el animal que los representa es el tigre. Tienen más de veinte ejemplares, uno de ellos rescatado del tráfico ilegal de fauna silvestre.

 

Felinos, se expanden a lo largo y ancho del territorio que ocupa esta cárcel. Leones, leonas, tigres, ligres y hasta un tigre blanco traído de España.

 

 

La Ley 14.346 establece: penas para las personas que maltraten o hagan víctimas de actos de crueldad a los animales. Pero al parecer quienes estén a cargo del manejo del zoológico no están al tanto de ella o deciden no cumplirla, ya que el encierro es una forma de maltrato.

 

Las atracciones principales consisten en interactuar con los animales: sacarse foto con la elefanta Yalima traída a los cuatro años de Indonesia y que ahora tiene 21, también se puede sacar foto con los camellos o entrar a la jaula de los ciervos. La razón de visitar el zoológico es entrar a la jaula de los leones y tigres adultos, los cuales están convenientemente durmiendo sobre una mesa para que los visitantes puedan sacarse una foto. Los leoncitos también son una gran atracción para los niños, los cuales pueden entrar a la jaula y sacarse fotos, además de acariciarles el lomo... La cabeza no es conveniente.

 

Se dice que el Zoo de Luján vendería sus felinos, cada tanto, para la caza garantizada. Tal vez ellos lo hagan sin saber qué destino les espera, o tal vez sí lo sepan, pero no hay información oficial en la que respaldarse.

 

Lo primero que veo en el ex zoo porteño son dos boas curiyú encerradas en una pecera demasiado pequeña como para que se muevan con comodidad. Una de las boas está inmóvil, tanto que tengo que observar durante largos minutos para saber si aún está viva, la otra comienza a moverse.

 

Siento pena por ellas. "Me gustaría poder liberarlas, pero no puedo", digo en un susurro.

 

Entonces se elevó sobre sí misma, se paró, aunque no tenía pies, se acercó tanto como pudo al vidrio que la separaba de su libertad y me miró. Sus ojos no estaban enojados sino más bien cansados, incluso un tanto curiosos. Se mantuvo en esa posición unos segundos y luego golpeó el vidrio con su cabeza. El golpe no fue muy fuerte, no era una amenaza ni mucho menos un ataque, pero sí una advertencia, un llamado de atención, un grito reclamando libertad.

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