Miércoles, 26 de Diciembre de 2018

Año bisagra para la Argentina y el mundo

Por: MARTíN REDRADO

El mundo nos presenta un contexto desafiante. Los Estados Unidos se encuentran transitando aguas jamás navegadas. La Reserva Federal ha sobrestimado los riesgos inflacionarios sin tener en cuenta los cambios estructurales que se están generando en las economías más desarrolladas.

 

En efecto, el avance de la tecnología en el mundo del trabajo ha disminuido el impacto de los costos salariales sobre el sector privado. Así, la curva de Phillips, que marca la relación entre salarios e inflación, tiene un marcado aplanamiento en términos empíricos. De este modo, se presenta un gran desafío para los hacedores de políticas públicas, pues los modelos econométricos sobre los que se sustentan sus decisiones no alcanzan para evaluar estos fenómenos en toda su dimensión.

 

El resultado de este estado de situación es un mundo volátil, con crecientes incertidumbres. Si a esto se le suman tensiones proteccionistas entre China y EE.UU., junto con un continente europeo con crecientes complejidades, el escenario global nos lleva a una desaceleración del crecimiento.

 

Recesión

 

Este nuevo escenario internacional nos encuentra atravesando el cuarto trimestre en un piso de la recesión, con una caída cercana a los 6 puntos. Así, el producto se contraerá un 2,6% interanual (i.a.) en 2018, dejando un arrastre negativo de 3,4 puntos para 2019. El consumo descenderá un 2,5% i.a. y la inversión sólo un 0,8% i.a., gracias a una primera mitad de año positiva.

 

La baja de la actividad económica continuará en los primeros meses de 2019, aunque con un ritmo menor. Así, en el primer trimestre la caída del producto será del 4,4% i.a., explicada por el consumo y la inversión. En el segundo trimestre, la dinámica será similar (-1,1% i.a.), aunque con un menor descenso del consumo y un crecimiento de las exportaciones, impulsado por el sector agropecuario. Recién se observará un rebote en la actividad en el tercer trimestre (+2,1% i.a.). En este caso, un punto de la suba estará explicado por el incremento en el consumo privado (1,6% i.a.), debido a que la mayor parte de las paritarias están concentradas entre abril y junio, por lo que los aumentos impactarán de lleno en el tercer trimestre. El cambio de signo en la segunda mitad igualmente no será suficiente para revertir la caída del año, que alcanzará el 1,2% i.a. No obstante, si la baja de la inversión llegase al 14%, la contracción del producto sería del orden del 3%.

 

Revisión

 

En cuanto al deterioro del mercado laboral, el salario privado registrado caerá en términos reales un 10,3% i.a. en este segundo semestre. Si bien en diciembre también los salarios privados evolucionarían por debajo de la inflación, la caída sería siete puntos menor que la del mes anterior debido al bono de fin de año y las cláusulas de revisión. De este modo, el salario en términos reales quedará este año en niveles de 2010. A su vez, con una tasa de desempleo estimada del 10,2% i.a. para el tercer trimestre, implicando 250 mil nuevos desocupados en el promedio del año. Por otro lado, la pérdida de participación de las jubilaciones respecto del producto será de 0,4 puntos en relación con 2017. En 2019, producto de la desaceleración en la inflación, la participación de las jubilaciones y pensiones respecto al producto se incrementaría en 0,3 puntos en comparación con el año anterior.

 

En materia de precios, la inercia inflacionaria no cesa, pues ya se encuentran pautados nuevos aumentos para las tarifas de agua, del 17% en enero y 27% en mayo. Por su parte, también subiría la electricidad en febrero y el gas en abril. Deben debatirse los nuevos aumentos para el semestre y las subas que se pospusieron en las audiencias anteriores.

 

Los aumentos tarifarios le adicionarán tres puntos a la inflación el año que viene. Si optaran por una reconfiguración más abrupta, podría adicionarle entre 5 y 6 puntos al registro de inflación. Esta dinámica hace prever una desaceleración lenta. En efecto, en el promedio del año la inflación alcanzaría un 40%, si bien en la medición diciembre/diciembre estimamos una suba en torno al 27% anual. Esto implica una baja de 20 puntos respecto al 48% de 2018. Es decir, un comportamiento similar al registrado tras el pico de 2016 (40,7%), donde luego la inflación se redujo en 15 puntos.

 

Energía

 

En este marco, la economía tendrá un comportamiento heterogéneo por sectores y regiones. Los sectores con un mejor dinamismo son aquellos relacionados con la energía, tanto hidrocarburos como renovables; el agro y los sectores conexos, en línea con una producción agrícola que podría ser récord; las tecnologías de la información y telecomunicaciones, con mucho espacio para crecer en lo que son los paquetes de datos y minería con mucho potencial sin desarrollar. Así, regiones como Neuquén o la zona núcleo agrícola tienen buenas perspectivas, mientras el conurbano bonaerense, con la industria en franco descenso, continuará rezagado.

 

Hoy tenemos un plan de emergencia con el FMI que sirve para llegar sin sobresaltos financieros hasta el fin de 2019, pero no marca una agenda de crecimiento hacia adelante. En términos cambiarios, se trata de una política de libre flotación, a pesar de las bandas establecidas, en el marco de una economía que aún presenta distorsiones de precios relativos.

 

En el equipo de Fundación Capital trabajamos con un escenario base con una salida en “L” de esta recesión y con un tipo de cambio que se depreciará en línea con la tasa de inflación. Sin embargo, no podemos dejar de analizar un escenario disruptivo producto de la dolarización típica de períodos preelectorales. En este siglo, aún en transiciones políticas predecibles, los cambios de cartera del sector privado han sido la constante. Por ende, deberá monitorearse un eventual recalibramiento del programa con el FMI que le permita al Ministerio de Hacienda utilizar las divisas acordadas para liquidar deudas en moneda local.

 

Si se logra consolidar el escenario base durante 2019, el nuevo período gubernamental nos encontrará frente a la necesidad de salir de la emergencia y plantear un programa de estabilización y crecimiento que permita salir a nuestro país del estancamiento crónico.

 

MARTÍN REDRADO   Economista

#177