Jueves, 4 de Octubre de 2018

A 30 años del día que cambió la historia de Chile

Por: FELIPE VERGARA

No existe en la bibliografía contemporánea un hecho tan único como el triunfo del NO sobre la dictadura militar chilena. Que, a través de un plebiscito, se derroque a un golpista es algo propio de una novela de ficción, sin embargo y como se suele decir, muchas veces la realidad supera la ficción y en el caso chileno fue así: la gente le ganó en las urnas a la tiranía de Pinochet.

 

A 30 años del triunfo del NO, de la mejor campaña política que ha vivido la historia chilena, y aunque para muchos “la alegría” no llegó, o por lo menos no como se esperaba, sí es importante recalcar algunos aspectos: por ejemplo que si hubiese ganado el Sí, habríamos tenido a Pinochet por ocho años más, con todo lo que ello significa: recordemos que los atropellos a los derechos humanos se siguieron cometiendo hasta el último día de la dictadura, asesinatos por parte de aparatos del Estado continuaron sucediéndose después del 5 de octubre y ello podría haberse perpetrado por ocho años más. Privatizaciones de empresas del estado en manos de sus mismos partidarios, podría haber seguido.

 

Hasta entonces éramos un país de muy pocos amigos, no teníamos relaciones diplomáticas con Cuba, México y toda la entonces Europa del Este; las únicas noticias que dábamos hacia fuera eran relacionadas con la dictadura, el único rostro visible era el de Pinochet y finalmente Chile se dividió entre el Sí y el NO.

 

Hoy, gracias a aquel 5 de octubre de 1988 somos otro país, más grande, más diverso, más tolerante; con muchos problemas -claro está- pero con la tranquilidad de ser parte de una sociedad que avanza y no se queda estancada en el pasado, que crece y aprende. Hemos aprendido a valorar mucho más lo que tenemos, porque sabemos lo doloroso que es perderlo. Ya perdimos, aquel fatídico 11 de septiembre de 1973, nuestras libertades individuales, destruimos la democracia y el derecho a elegir. Recuperarlo es uno de los sabores más dulces que uno pueden degustar, como decía aquella maravillosa y nostálgica campaña… Sin odio, sin violencia, vota NO. Y así lo hizo el pueblo chileno y entre todos recuperamos aquello que mucho temimos nunca íbamos a volver a disfrutar: La libertad.

 

Pero para llegar a ese 5 de octubre hubo mucho que recorrer. Habitualmente en Chile nos quedamos con la campaña televisiva y es entendible. Por primera vez en 15 años accedíamos a información que hasta entonces estaba censurada. Pero esa fecha significa mucho más que 15 minutos en televisión. Para esperar que la alegría llegue, hay que asumir que se estaba sufriendo y el Chile real, ese que representa más del 90% de la población sí sufría.

 

Nuestro país es de raíces democráticas, de una cultura más cercana al mundo social y trabajador, justo las áreas más afectadas en la dictadura. Como es normal uno se queda con el último recuerdo, pero los 17 años de dictadura fueron dramáticos para muchos compatriotas, ya sea a través de la desaparición de personas, asesinatos, torturas, exilio, represión, censura y aislamiento, Chile se fue desarrollando por largo tiempo. Una realidad que, aunque sabíamos que existía, preferíamos asumir que no era real.

 

Pero además la dictadura nos quitó 17 años de expresión cultural, por años las mayores expresiones musicales fueron grupos folclóricos de derecha. Todo lo altiplánico era relacionado con Inti-Illimani o Quilapayún, o sea comunista. En las letras las restricciones eran similares, como el mayor acto de liberación podías acceder a leer Juan Salvador Gaviota, por lo que nuestra intelectualidad también se vio mermada en relación con las nuevas generaciones. Y en historia accedías a lo escrito Gonzalo Vial o Paul Johnson que traían un claro sesgo anti comunista.

 

Muchos terminamos siendo hijo de la dictadura de Pinochet, con un paréntesis de 17 años en nuestras libertades más profundas y un ente pasivo que veía como el resto del mundo avanzaba y uno no.

 

Perdimos 17 años de cultura, de intelectualidad, bajo una represión afectivo-social de magnitudes. Vivir en dictadura es asumir como normal lo que es anormal, es perder la capacidad de asombro ante las atrocidades y hasta encontrarlo razonable, creer que aquella frase mediocre e injustificable de “eran ellos o nosotros” tenía lógica. Era, por ejemplo, mirar con escepticismo a aquellos compañeros que volvían del exilio. Pero a todo eso los chilenos ese 5 de octubre de 1988 le dijimos NO.

 

Es cierto que nuestra democracia es imperfecta, que requiere muchas mejoras, que nuestra constitución es una herencia de la dictadura, que el sistema electoral es corregible, que nuestra educación y la salud siguen al debe, y que nuestro sistema previsional no garantiza una vejez digna; pero hoy somos un país libre, que elegimos a nuestros gobernantes y que hemos aprendido a valorar la democracia, que aunque imperfecta será siempre mejor que cualquier tiranía como la que hoy observamos con dolor en nuestros vecinos de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

 

Hoy conmemoramos un nuevo triunfo del NO, son 30 años de madurez que hay que celebrar para nunca olvidar cuanto nos costó recuperar la democracia y así, aprender a quererla, respetarla y valorarla.

 

FELIPE VERGARA   Consultor político chileno

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