El aislamiento que nos une

LISANDRO RAMELLA Consultor psicológico y en marketing

Viernes 20 de marzo, 21 horas. Por lo general, los viernes en Buenos Aires son alocados, repletos de personas que vuelven de sus trabajos con aquellas que están preparándose para salir o algunos que ya están emprendiendo su salida nocturna. Pero la cuarentena cambio drásticamente esa dinámica. Por el contrario, se aprecia un paisaje desolador; sin personas, sin autos que transporten personas, sin colectivos. Literalmente: no hay nadie. Me hace acordar a esas películas de ciencia a ficción muy taquilleras que se suelen estrenar en los cines a salas llenas, las mismas que hoy están prohibidas y, por ende, vacías. Un escenario de guerra, de terror, de apocalipsis, de invasiones extraterrestre.

Sin embargo, y quizás me acusen de muy romántico por lo que vengo a decir, mi mirada sobre ese supuesto paisaje desolador es otra. Aislados, cada uno en su casa y sin poder establecer contacto físico, estamos más unidos que nunca. Bajo una causa común, todos alineados. Algunos más convencidos que otros, algunos más perjudicados que otros, algunos más confiados que otros, pero todos unidos bajo un mismo objetivo y en un mismo sentido. No nos podemos tocar directamente ni tocar aquello que otros tocan, pero en ese impedimento de contacto físico; hoy, nos encontramos más contactados que nunca persiguiendo los mismos deseos y coordinando las mismas acciones.

Me resulta interesante mostrarte esta visión porque creo que se puede aplicar más allá del coronavirus. Así, debemos entender que estar rodeados de personas no necesariamente significa estar acompañado. Entender que hablarle a una persona mientras se comparte una cena en un restaurante no necesariamente implica estar siendo escuchado. Convivir en un mismo espacio no siempre implica estar conectados.

Creo que esta realidad que estamos viviendo resulta un buen aprendizaje para poder razonar sobre la necesidad de ver más allá de lo evidente, acción que nos hace verdaderamente inteligentes, y que nos puede llevar a reflexionar sobre la paradoja de un aislamiento que nos permite estar más unidos, de lo que nunca antes habíamos estado.


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